Hace bastantes años, cuando empecé a indagar la ciencia que encierran los periódicos, me dijo un periodista en Barcelona que me fijara bien, que lo esclarecedor para entender la línea de un diario es lo que no se cobija entre sus páginas. Con el tiempo añadí que lo evidente importa y que el cómo se redacta una opinión, un título o noticia, unido con el cuándo y con el dónde sale, más la foto alusiva, son algo más que pistas que definen el perfil del rotativo, que no es otra que la de sus dueños.

El caso es que este mundo de ausencias -de lo que no se informa ni se detalla- no es algo peculiar de los diarios, sino que, aunque invisible, está presente en multitud de situaciones. Prácticamente todos los escenarios de la vida incluyen personas olvidadas, realidades escondidas, detalles camuflados - que solamente algunos sobreentienden - o referencias implícitas que en exclusiva se manifestarán ante una atenta observación, un estudio profundo del asunto o la confesión cómplice de la persona o gentes implicadas.

Si «ver» es percibir, advertir o captar todo lo que de alguna forma interaccione con los sentidos y nuestra mente acuse, lo que no se ve se hace visible por medio de la intuición, el olfato, la imaginación, la sensibilidad, el estudio y el discernimiento. Lo que no se ve es parte esencial para comprender lo que tienes delante. Así, no vemos pero intuimos -a veces comprobamos- que todos los Estados tienen alcantarillas por las que circula material sensible -siempre privilegiado- que saldrá con el tiempo, o quizás no. A veces los políticos no citan algún nombre y no dan entrevistas. Un árbol podrá no tener hojas, muchas o pocas ramas, tronco grueso o delgado pero siempre tendrá raíces, partes que no se ven pero fundamentales para su subsistencia pues forman una red umbilical imprescindible que lo mantiene unido con su madre: la Tierra.

Una bellota germina fácilmente, pero la encina progresa muy despacio. Somos muchos los que vemos encinas, pero son pocos los que toman conciencia de que los ocho o diez metros de su copa necesitaron entre ochenta y cien años para tocar el cielo. Lo invisible existe porque el tiempo lo amplía y si miramos bien, se deja ver: las horas que un pintor utilizó para manchar un óleo, si estuvo enfermo cuando lo barnizaba, las ropas y manías de los reyes de turno... Todo eso forma parte de la historia pintada pero está más oculto y solo se abrirá a las mentes inquietas que se preguntan cosas. Cada pintura, cada obra literaria, cada descubrimiento que la ciencia realiza, cada iglesia construida, cada piedra tallada, cada comida hecha que el chef ha imaginado, cada hora de programa de radio o televisión, cada cinco minutos de una pieza de baile, cada tubería puesta, cada motor que arranque, cada vestido hecho, cada amistad sumada, cada flor de arriate, cada vida vivida... Tiene algo que decir sobre su mundo oculto. El Universo es una enorme caja de sutiles oscuridades, invisibles para la mayoría, pero que están presentes: como aperitivo la Luna nos oculta una de sus caras, los agujeros negros no se ven porque la luz cautiva es la notable ausente y la materia oscura, que se aproxima al 80% de la materia del Universo y es indetectable para la radiación electromagnética, se hace visible por sus efectos gravitacionales al estudiar el movimiento de estrellas y galaxias.

Lo que no se ve manda, condiciona, dirige y afecta tanto o más que lo visible porque nos dificulta la defensa. Lo que no se ve lo imagino como un enorme almacén de tiempo y de personas, de reflexiones y vacilaciones, de incertidumbres, decisiones, de sentimientos, de penas, alegrías, de soledad y compañía, de maltrato machista, de música, canciones, de sueños perseguidos, de pequeños detalles cotidianos que dan sentido a la vida, de cómplices... El mundo de lo que no se ve funciona como un manantial de sensibilidad, de amor y desamor, como una fuente posible de agua que da sed y que completa lo visible. Para terminar, creo que lo invisible forma parte esencial de las fuerzas que han transformado y transforman al mundo porque lo que no se ve cuenta y determina. Por cierto que el virus coronado no se ve pero sigue ahí. Tengan mucho cuidado. Salud.

*Profesor jubilado