Han finalizado los actos conmemorativos de los 80 años de Diario CÓRDOBA. Hace una década le dediqué un artículo similar, poniendo de manifiesto la necesidad de congratularnos porque un medio de comunicación se vaya haciendo mayor, que no viejo, y más si es local y lleva su ciudad por nombre. Muchos cordobeses han visto sus vidas escritas en sus páginas. En mi caso desde que tenía cuatro años y ganaba, junto a mi hermana María Amor, premios todos los años en la feria de mayo vestido de traje corto. Después llegarían los actos culturales del Círculo de la Amistad o Cultura Viva (cuando me atreví con 19 años a mantener un coloquio con Nuria Espert donde ahora es la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía).

También mis primeros artículos sobre el liberalismo o las relaciones internacionales en el Califato, la mesa redonda sobre la fallida compra de la Caja Provincial de Ahorros por Unicaja o las Jornadas Tributarias. Siguieron mi nombramiento como gerente de Telfeco con ese titular tan sugerente «Un profesor de la Universidad Complutense nombrado gerente...», como si uno fuera cordobés de adopción; el desarrollo del Plan Renfe; las entrevistas sobre, entre otras cosas, mi etapa como presidente el Consejo para la Defensa del Contribuyente del Ministerio de Hacienda o del Consejo Regulador de Montilla-Moriles, así como la actividad frenética realizada con motivo del proyecto Córdoba 2016. Y, como no, los numerosos artículos publicados, cuando la actualidad me permite dar mi opinión sobre algún tema concreto, así como los obituarios tras la despedida de algún amigo.

En definitiva, parte de mi vida contada por el Córdoba, al igual que la de muchos otros cordobeses. Un periódico que, como todos nosotros, ha ido mejorando a lo largo de todo este tiempo. Nueva imagen, nuevas secciones, más contenidos y una fuerte apuesta por Internet. Siempre pegado a la noticia, pero contada con profesionalidad, destacando sus aspectos positivos y negativos. Pero un periódico son las personas que lo escriben, que lo hacen posible. Todas ellas no cuentan solo lo que ven o le dicen. Contrastan la información y piden opinión cuando les falta un paso de su hilo conductor o necesitan la colaboración del especialista. A lo largo de estos años he recibido múltiples llamadas de los redactores en este sentido. Ello es un síntoma de su profesionalidad y buen hacer.

Entre otras cosas, el nivel de una ciudad se mide por la calidad de su prensa local y Córdoba ha aportado su grano de arena. Periódicos de otras provincias han optado sólo por la crítica y el sensacionalismo. Todo lo contrario del Córdoba y, sin duda, por nuestro talante senequista. El reseñar únicamente lo negativo causa una sensación de hastío al lector y más en momentos como los actuales donde el pesimismo motivado por el covid y la crisis subsiguiente lo invade todo. Creo que este reto lo han sabido inculcar a su gente los directores que se han ido sucediendo en estos años. Además, lejos de recluirse en su torre de marfil para evitar contaminarse, han participado y se han dejado ver en todas las actividades representativas de la ciudad.

Los 80 años del Córdoba se deben también a sus lectores a los que ha convertido en los auténticos protagonistas de la vida pública. Su complicidad hace posible esta realidad y garantiza su futuro. Durante años fue, tras algunas experiencias fallidas, el único periódico local. Hoy día pelea y en buena lid, con ABC y el Día de Córdoba. Un pluralismo informativo que a todos nos beneficia al permitirnos contrastar distintos puntos de vista ante una misma información. Muchas felicidades y brindo con una buena copa de vino de Montilla-Moriles para que su futuro sea tan prometedor como su pasado.

*Socio Director de F&J Martín Abogados. Catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad Complutense