Circula por twitter una comparativa entre trabajador y emprendedor. Un trabajador desayuna a las 7, trabaja de 8 a 18, ve la televisión a las 20, a las 22 cena y a las 23 duerme. Por contra, un em-prendedor tiene: ejercicio a las 7, oficina a las 8, negocios a las 10, familia a las 12, almuerzo a las 13, capacitación a las 14, libertad a las 16, «gym» a las 17, negocios a las 20, libertad a las 21, familia a las 22 y descanso a las 23. He copiado los verbos literalmente, porque quiero que reparen en que el emprendedor tiene verbos aristocráticos y el trabajador no. La tabla está confeccionada por alguien que se hace llamar a sí mismo emprendedor -sin sorpresas- y divulgada por un grupo de apoyo mutuo para futuros millonarios.

Ya está bien. Un trabajador trabaja, sea autónomo o por cuenta ajena o funcionario. Lo demás son patrañas. Y son patrañas para lucrar al que coloca su producto al futuro millonario. El traje de poliéster imitando las recomendaciones de GQ de hace cuatro años, la positividad, la jerga del coa-ching, el chaleco de plumas, las criptos y aplicarse crema hidratante para que la piel de la mandíbula no se cuartee de decir resiliencia o de lamer llantas de Tesla, según los momentos.

Ya está bien de zonas de confort, de capacitaciones, de llamar máster a cursillos de vendehumos, de aplaudir a psicópatas sin educar que gritan un minuto como cocineros de masterchef y al siguiente son empalagosos y cursis, como hacen los maltratadores. Ya está bien de llamar obsesión a ver media hora de vídeos de YouTube: una obsesión es una vida. Ya está bien de anuncios pomposos de bancos y telefónicas y más bancos y más telefónicas, de CEOS de ellos y su espejo, ya está bien de desprecios. Porque o lo que ocultan es que no hace falta trabajar, y ahí hay que tener clase y digni-dad, ser un señor y no hacer el imbécil; u ocultan que esos trabajadores a los que critican, animalizan y ansían explotar, esos beta gamma delta, esos que van de trabajar a comer y a dormir, tienen más familia, cabeza y probablemente dinero que ellos.

Un trabajador quiere su sueldo y el estatuto bien cumplido, para luego hacer lo que le encarte. Ya está bien de zumbados cuya ética profesional son películas de Marvel. Ya está bien de creer que la vida es un box de crossfit. Ya está bien de bufones que creen que vienen del anca de Júpiter y no pueden metabolizar que no tienen ningún derecho o privilegio especial que no tenga el de al lado también. De verdad, ya está bien de hacer el ridículo, de falsos empresarios y de despreciar el trabajo. ¿Las 7? Esa hora es patética para cualquiera con un trabajo o una vocación de verdad. ¿Familias como accesorio, negocios que nunca son trabajo? Engaño tras engaño, pinchado en la vena del egoísmo, para creer que va a producirse la metamorfosis y el abrazo cálido de bienvenida en el estamento de ricos, mientras quedan abajo los trabajadores. Ya está bien de emperdedores: esclavos que trenzan el látigo del amo, pensando que es para los demás.

** Abogado