Agentes encubiertos han irrumpido en un plató de televisión, sin llamar, tocados con los más baratos y peliculeros disfraces de extraterrestre (antenas, trompas, extremidades de tres dedos, etc.) exponiendo su ridículo mensaje de dominación: «bla, bla, bla», amenaza que la población mundial se ha tragado hasta el fondo, oblicuamente y en tres tiempos. Nunca en la historia se registraron semejantes niveles de credulidad y borreguismo. En consecuencia, los pantallazos de anuncios no han cesado: «Diccionario venusomarciano-español y viceversa», videos promo: «Marte, qué bonito eres». Los medios, el Estado, el ejército y demás ‘bulócratas’ se han manifestado ya con esclarecedores, divertidos pronunciamientos como «pero si es de coña!», esencialmente inútiles, por otra parte (y como era de esperar), pues el planeta se presenta convencidísimo frente a esta nueva amenaza-esperanza-oportunidad de negocio-entretenimiento...

Sería inútil continuar. Los conceptos han fenecido. En el fondo nadie se sorprende, ni angustia, ni reacciona, ni decepciona: simplemente, cree, acepta y se traga todo, por Infalibilidad Mediaticia. A partir de aquí podemos ofrecerles lo que precisen. Por ello en las Altas Instancias ya se prepara, a manos de fuertes ingenieros informáticos, maquilladoras, tramoyistas digitales y directores de cine, la espectacular performance de Cristo en directo: el Gran Descendimiento, como será recordado. Una vez más, los reporteros, presentadores de magazines y noticiarios emigrarán en desbandada al punto de autos, para establecerse allí hasta la saciedad y el cansinismo, promoviendo neurosis generalizadas que derivarán en inverosímiles, extremos hábitos «llegados para quedarse», mientras se introduce cualquier otro tema estrella (en plan tanteo) sin mayores explicaciones, en ausencia total de transición. Pero antes, Cristo pisará el mismo plató que frecuentaron hace poco los extraterrestres, a los cuales ya nadie recuerda, pese a continuar vigente la idea de su autenticidad. Así, dispondremos de dos temas de fondo mientras se maquina el venidero, algo como la erupción de un volcán, tal vez. El público seguirá muriendo de cáncer, luchando por desalojar a los okupas de sus domicilios, abonando sus impredecibles cuotas de autónomo, vistiendo mascarilla en mitad del desierto (Cristo bajará con mascarilla y tatuaje de Moderna, todo hay que decirlo), sufriendo atracos, abusos, violencia, miedo, y tomando cañas entretanto abandonan a sus mayores, que mueren de soledad.

Nada importa, aunque se comente con pasión. Un «para qué» galopante se instala en el inconsciente colectivo. Después de Cristo y los extraterrestres y los volcanes y virus, los aprobados en masa, la ola de ignorancia y conocimiento a medias (patrocinado), la «normalización» de cáncer, contaminación, veneno (patrocinado), las personas y personos comienzan a aburrirse, apagan los satélites, y arrancan de nuevo, en pelotas, adorando al Sol, o bien se comen unas a otras, de uniforme. ¿Quién se sorprendería?

** Escritor