Llegó un momento en el que perdí la cuenta del número de veces que había sacado el DVD de esta película, la primera de Isabel Coixet, de la biblioteca. Por entonces yo estaba en el instituto. Casi cada viernes me tumbaba en el sofá y escuchaba las mismas palabras como si de un mantra se tratara: «Puede pasar de todo, ¿verdad? Cualquier cosa. (...) Es como si alguien te regalara uno de esos puzles con piezas de un cuadro de Magritte o de las cataratas del Niágara. Y se supone que debe encajar, pero no. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer ahora? Las cosas que no se dicen suelen ser las más importantes. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué viene después? ¿Qué hubo antes? ¿Por qué me hace sentir como me siento y no saber nada al mismo tiempo?».

Ese fue el comienzo de mi sensibilidad. Cuando Isabel Coixet anunciaba el 25º aniversario de Cosas que nunca te dije en su cuenta de Instagram yo... aluciné. No creía que una película que se rodó cuando yo tenía seis años llegaría a marcarme para siempre. De hecho, una de esas locuras de fan absoluta que hice en mi juventud fue cruzarme la península de Córdoba a Segovia en autobús un verano para que ella, que actuaba en el Hay Festival de Segovia, me firmara el DVD -me lo compré cuando me fui a estudiar a Madrid para tenerlo siempre conmigo (y aún está en casa)-.

15 años más tarde de aquella época, su relevancia en mi biografía sigue intacta. Sigo recordando cada palabra de su principio y la canción del final de la película. Sigo identificándome con Ann, perdida y atrapada en sí misma, esperando algo que la salve de... Ni siquiera ella sabe qué. Yo tampoco. Puede que de nosotras mismas. Don no era la respuesta. Tampoco su amiga o mudarse a un lugar remoto donde no conociera a nadie.

Y ahí estamos, quietas, sentadas en la lavandería -porque sí, la vida es así: un ciclo prefijado que siempre tiene el mismo principio y final-. A mí me acompaña ahora mi amiga Vero, que siente el mismo amor por Isabel Coixet y sus películas. Ella espera lo mismo que nosotras, algo que desconoce, pero que nos indique a las tres una dirección, el próximo paso, o que consiga liberarnos de ¿qué? Pero puede pasar cualquier cosa, ¿no?, aunque sea fuera de la lavandería. Eso sí: Vero y yo hemos aprendido a decirlo todo.

*Escritora