Los cordobeses sufrimos de contaminación acústica. No hace falta nada más que darse una vuelta visual por el mapa de ruido que el Ayuntamiento ha puesto a disposición de los ciudadanos para acercarse a un problema grave. Por supuesto, lo de mirar el mapa es recomendable para los que no viven en el ojo del huracán del ruido, porque los que viven en las zonas donde el ruido está por encima de lo recomendable no hace falta que miren el mapa. Un sonido de 70 dB produce efectos psicológicos negativos en tareas que requieren concentración y atención. Si miramos el mapa la mayor saturación acústica por tráfico rodado, se la llevan las calles Vial Norte, Vallellano y Gran Vía Parque (superiores a los 75 decibelios), la calle Tenor Pedro Lavirgen, Carretera de Trassierra y Arroyo del Moro, Escultor Fernández Márquez, Ronda del Marrubial, Agrupación Córdoba, Carlos III, la avenida de Medina Azahara, Ronda de los Tejares, Cervantes y Ollerías. Dicen los que saben de estas cosas que la contaminación acústica está muy relacionada con los problemas cardiovasculares. La exposición a diferentes tipos de ruidos puede aumentar la presión arterial sistólica y diastólica, cambia la frecuencia cardíaca y provoca la liberación de hormonas del estrés (como el cortisol). No se trata de ser alarmistas, sino lógicos, razonables y sensatos. Y si me apura, diligentes, sobre todo por parte del poder político, pues el problema no sólo no es nuevo, sino que lleva enquistado en la ciudad lustros. Recientemente desde Infraestructuras del Ayuntamiento se nos anunciaban «posibles medidas a implementar para reducir la contaminación acústica de la ciudad». Y nos es que seamos escépticos o descreídos; o tengamos un tufillo demagógico, pero en este problema ya se va muy tarde. Toca ya hablar de plazos. O por decirle en castizo, hechos son amores y no buenas razones.

** Mediador y coach