El bulo, la falacia interesada y la desinformación reinan, precisamente, en la sociedad que ha dispuesto de mayores recursos y acceso a la información a lo largo de todos los tiempos. Engaños y patrañas medran en cualquier ámbito, desde la inocente cosmética, paraíso de las promesas más disparatadas y de expectativas descabelladas, al debate público, donde tan aparente puede llegar a mostrarse la intención manipuladora.

Por otra parte, también existen más que nunca remedios, armas y asistencia para deslindar el grano de la paja, llegar al fondo de cualquier materia y arbitrar su presunta veracidad. Así, a la hora de cuestionar cualquier tema que podamos plantearnos, siempre es recomendable recurrir a fuentes fiables, como los medios informativos serios, y al dictamen de expertos reconocidos. En el campo concreto de la divulgación científica, que en modo alguno esta exenta de fraudes y de injerencias pseudocientíficas, el CSIC, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ofrece desde su prestigio y buen hacer, tanto la garantía de su preciado aval como la opción de acceso gratuito a unos extensísimos fondos en todos los campos del saber. Artículos, ensayos, revistas y toda clase de publicaciones en las Ciencias y en las Letras, con información precisa, de referencia, y contrastada; todo a disposición de quien desee profundizar en el conocimiento y no se conforme con argumentaciones ficticias o adulteradas. Un material de inmenso valor y cuantía que, mediante un gran esfuerzo, ha sido digitalizado y está ya al alcance de un clic.

Sin embargo, la función divulgadora del CSIC es poco conocida, lo que ha inducido su presencia en un evento clave, la Feria del Libro de Madrid, escaparate de privilegio desde donde llegar al gran público y dar a conocer su carácter gratuito y sin restricciones.

* Escritora