Opinión | Cielo abierto

Superman Sánchez

En Estados Unidos se mueven entre el populismo grotesco y la gerontocracia

El amor de su padre sacó a Kal-El de Krypton justo cuando el planeta iba a explotar. La historia es conocida, pero no en sus matices. Cuando la nave espacial del científico Jor-El atraviesa el cosmos y cae en un campo de trigo, en Kansas, el matrimonio Kent encuentra al niño. El sol amarillo de la Tierra le dará sus poderes, pero la humanidad la irá ganando con sus padres adoptivos. Especialmente su padre, el granjero Jonathan Kent, lo irá educando en la consciencia de sus cualidades, tan superiores a las de los demás niños. Es interesante comprobar en todos los tebeos de Superman en que se aborda ese período de formación, sean de la época que sean, que si el bebé Kal-El hubiera caído en otras manos, con esos mismos poderes, podría haberse convertido en la encarnación absoluta del totalitarismo. De hecho hay un tebeo maravilloso titulado Supermán rojo, de Mark Millar, en el que la nave kriptoniana cae sobre la estepa rusa, y es Stalin quien cría a ese muchacho que llegará a ser su sucesor. Superman no sólo se convierte en el protector de la Unión Soviética, sino en el hombre que impone la utopía comunista en el resto del mundo. Es interesante ver a los demás personajes en esa realidad tan distópica como su posterior desarrollo, que nos sirve una vez más para saber que un hombre llega a serlo no únicamente por su carga genética, sino por la alianza y condena de la educación que recibe. El bebé Kal-El tiene la fortuna de ser recogido por unos padres que lo quieren por ser quien es -no por sus talentos extraordinarios-, y que tienen como objetivo que ese niño sea siempre una buena persona que se rija por un noble código moral. Por eso Clark Kent es tan honesto, un tipo que de verdad cree en la democracia -aunque algunos flipados hayan querido ver en él un símbolo fascista- y, sobre todo, un hombre que nunca miente.

Ya sé que he comenzado hablando de Superman y ahora paso a Pedro Sánchez, pero el tema tiene su nudo y su desenlace. Nuestro presidente ha andado de gira por EEUU tratando de convencer al personal de que aquel desdén vergonzante de Joe Biden, en plan Paseando a Miss Daisy en 29 segundos, es algo que puede revertirse con su espejito espejito habitual. Así, en la cadena Msnbc, Pedro Sánchez nos brinda este autorretrato: «Me defino a mí mismo como un político que cumple. Me gustan los hechos. Me gusta hacer. Y, desafortunadamente, la oposición sólo grita. Esa es una gran diferencia entre la oposición y el Gobierno. Nosotros hacemos cosas, aprobamos leyes. Creo que los españoles agradecerán y valorarán muy positivamente lo que hicimos en estos difíciles momentos de nuestra Historia y de la Historia de la Humanidad». El hombre tiene derecho a venderse con la cara que estime conveniente, que además es la suya. Hay pequeñas minucias que podrían comentarse sobre lo que entiende Sánchez por una gestión ejemplar, como que lo que aprueba el Gobierno en España no son leyes, sino proyectos de leyes, luego remitidos al Congreso de los Diputados. A no ser que se refiriera a los decretos-leyes, que tanto ha frecuentado, porque así se saltaba cualquier control parlamentario.

Pero estamos en que Sánchez es un hombre que cumple. Claro que sí: «Si quiere se lo digo cinco veces o veinte, con Bildu no vamos a pactar». «Clarísimamente ha habido un delito de rebelión y de sedición y en consecuencia deberían de ser extraditados los responsables políticos». «No voy a permitir, con todos los respetos hacia los votantes de Esquerra Republicana, que la gobernabilidad de España descanse en partidos independentistas». «Aquellos que hoy ensalzan a Otegui y le llaman hombre de paz, convendría que recordaran las palabras y la memoria de Ernest Lluch». «No pactaré con el populismo». «Señor Iglesias, si me obliga a elegir entre una Presidencia que no sirva a España o mis convicciones, elijo mis convicciones». Y esto sólo es una breve antología.

Ahora andan algunas iluminadas en EEUU diciendo que se deberían venir a España porque tenemos un presidente sexy que se parece a Superman. Yo creo que como mucho se parece a Kent: pero no a Clark, sino al novio de Barbie. Especialmente en la sustancia intelectual, tan desconocida en ambos. Pero en EEUU se mueven entre el populismo grotesco y la gerontocracia, y Superman Sánchez les parece un ser de otro planeta. Vamos a tener que recordarles desde España la esencia de su propio personaje. Porque, por encima de todo, y a diferencia de Pedro Sánchez, Superman era un tipo que siempre decía la verdad.