Opinión | Para ti, para mí

La Jornada Mundial de los Abuelos

En cada edad es necesario saber descubrir la presencia y la bendición del Señor y las riquezas que contiene

Hoy se celebra la primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las personas mayores -mañana es la fiesta de su patrona, san Joaquín y santa Ana-, recientemente instituida por el papa Francisco y organizada por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Lo primero que nos viene a la memoria es un hermoso pensamiento del Salmo 92: «El justo crecerá como una palmera, se alzará como un cedro del Líbano. En la vejez seguirá dando fruto, y estará lozano y frondoso para proclamar que el Señor es justo». Benedicto XVI, en el año 2012, nos dejó este espléndido mensaje: «¡Es bello ser anciano! En cada edad es necesario saber descubrir la presencia y la bendición del Señor y las riquezas que contiene. ¡Jamás hay que dejarse atrapar por la tristeza! Hemos recibido el don de una vida larga. Vivir es bello también a nuestra edad, a pesar de algún achaque y limitación. Que en nuestro rostro esté siempre la alegría de sentirnos amados por Dios, y no la tristeza. La sabiduría de vida de la que somos portadores es una gran riqueza». Hermosas las palabras del papa emérito, que finalizan ofreciéndonos esta visión esperanzada: «Cuando la vida se vuelve frágil, en los años de la vejez, jamás pierde su valor y dignidad: cada uno de nosotros, en cualquier etapa de la existencia, es querido, amado por Dios, cada uno es importante y necesario». Bienvenida sea esta primera Jornada Mundial de los Abuelos. Ser mayor es una de esas vivencias extraordinarias que ponen a prueba la calidad de nuestra fe y hacen experimentar este periodo de vida como un «tiempo de salvación». Tenemos el referente del centenario Abraham: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré». Y nos dice el Génesis, que Abraham, anciano pero obediente, se puso en camino. Vemos también cómo Moisés, un «tartamudo» ya entrado en años, es enviado para «hablar» en la corte del faraón, con la misión de hacer salir de Egipto al pueblo elegido. Y ya en el Nuevo Testamento, encontramos a Zacarías e Isabel, él cargado de años y ella también estéril, de quienes nace Juan el Bautista, precursor de Cristo. Que Dios se mueve en la historia buscando la colaboración de los hombres es un hecho innegable, y las personas mayores tenemos muchos motivos para seguir sintiéndonos instrumentos de la historia de la salvación. Es algo impresionante y conmovedor, y la vida es el tiempo que tenemos para nuestra respuesta libre y responsable. Teresa de Calcuta nos dejó estas palabras para los mayores: «No te detengas. Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años. Pero tu fuerza y tu convicción no tienen edad. Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña». Hace tiempo, en una postal del monasterio benedictino de Alba de Tormes, me encontré con una hermosa plegaria, de la que selecciono algunas frases: «¡Señor, enséñame a envejecer como cristiano! Ayúdame para que yo sea todavía útil a los demás, contribuyendo con mi optimismo y oración a la alegría y el entusiasmo de los que ahora tienen responsabilidades. Que viva en contacto humilde y sereno con este mundo que cambia, sin lamentarme por el pasado que ya se fue. Y concédeme que, al menos ahora, mire con mucha gratitud el destino feliz que me tienes preparado». Amado Nervo cantó la vejez con estos versos: «Muy cerca del ocaso, yo te bendigo, vida (...). Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz». Gran jornada la de hoy. El Papa le ha concedido indulgencia plenaria.