Opinión | ODA A LA CIENCIA FICCIÓN

Le Guin y el nombre de las cosas

El mundo no binario se ha abierto paso en nuestra realidad al mismo tiempo que las ficciones de género desbordaban los límites

Fue un experimento creativo el que llevó a Ursula K. Le Guin a inventar Invierno, un planeta poblado por seres sin sexo permanente, de género fluido. Corría 1969, y el libro, La mano izquierda de la oscuridad, se convertiría con el tiempo en un clásico de la literatura de ciencia ficción y ella en una reconocida feminista. Pero al principio no fue así. Cuando Le Guin entró en el mundo de la ciencia ficción era una construcción hermética de hombres. Muy del patriarcado, cuando aún no existía la etiqueta. De ese entorno bebió su obra aunque logró imprimir en su obra una huella única a medida que avanzaba su trayectoria. El documental Los mundos de Ursula K. Le Guin, que puede verse en Filmin, refleja esa lucha de la célebre novelista y cómo se convirtió en icono para el movimiento de mujeres y cómo asumió con autocrítica algunos de los roles machistas que dio a personajes.

De ciencia ficción podría parecer en aquel pasado de Le Guin que un jugador de futbol americano declarara que es gay como lo ha hecho Carl Nassib, no porque le parezca importante en sí, sino para dar visibilidad a su realidad, que sigue orillada en el mundo del deporte. O que los Emmy hayan abierto a sus nominados la opción de ser presentados como actores, actrices o por primera vez «intérpretes», una categoría no binaria que es un guiño más que rompe convenciones. 2021 alumbró estos nuevos escenarios en la semana del orgullo Gay.

«Nada surge de la nada. Las ‘ideas’ del novelista provienen de alguna parte», razonaba Le Guin. El mundo no binario se ha abierto paso en nuestra realidad al mismo tiempo que las ficciones de género más arraigadas superaban los límites de lo conocido, ya fuera fantaseando con dictaduras y regímenes fascistas, ya fuera ideando esos mundos más allá de la carrera espacial.

La ciencia ficción ya no es un género minoritario, para muestra la feliz iniciativa de organizar un festival dedicado al género en Barcelona, 42 será su nombre, en homenaje a una invención de Douglas Adams en Guía del autostopista galáctico. El pistoletazo de salida lo darán este año en noviembre bajo la batuta del escritor Ricard Ruiz Garzón.

Otra muestra la da el trajín diario del templo libresco Gigamesh, y las ventas tanto en castellano como catalán dan fe del vigor que tiene un sector que conecta con los más jóvenes, presente y futuro. They/Elle son dos pronombres ya incrustados en el referente de los adolescentes, y la tendencia ha llevado hasta la especialización en traducciones de textos con lenguaje binario, como la que desempeña la asociación y editorial Crononauta, dedicada a la literatura de género con perspectiva de género.

Editoriales más mainstream como Nova, ha publicado este año una edición de la trilogía clásica de Octavia Butler La estirpe de Lilith que incluye un prólogo con una larga explicación sobre las palabras elegidas para la traducción elegida para el género neutro empleado en la lengua original. La prestigiosa obra norteamericana presenta personajes y situaciones que se escapan del canon sexual. Lo mejor de ese prólogo es que exista, 30 años después de la publicación del primer libro.

En buena parte de la obra de Le Guin, y singularmente en El mago de Terramar, la importancia de conocer el nombre verdadero de las cosas es clave para el desarrollo de la magia. Algo de mágico tiene que se abra paso la diversidad a través de los relatos, de las palabras, las traducciones, y que salte de la ciencia-ficción a nuestro día a día.

* Periodista