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La primera guerrera de Occidente

Nacida en Ibiza, y tras residir en Milán durante quince años, Eva Riquelme ha fijado temporalmente su domicilio en Córdoba, una ciudad de singular fascinación donde nuestra escultora imagina y forja su producción artística. Eva se reconoce, desde la infancia, enamorada de la pintura, la escultura y la música, materias en las que volcará su inspiración en la juventud, decidiéndose finalmente por la escultura, donde su creatividad encuentra la vía más franca y plena de su ambición artística que supera la mera cotidianidad para ascender sobre lo sensible aunque sin desarraigarse de lo humano, porque el arte aspira siempre al hallazgo de lo invisible, a la adivinación del misterio, a la trasparencia del espíritu, pero atendiendo a la sentencia aristotélica de que nada hay en el intelecto que no haya pasado antes por los sentidos. Sus obras se caracterizan por una profunda introspección que extrae el alma de la arcilla y la piedra para infundirles vida.

Eva dota a sus figuras de una poderosa expresividad, de una fuerza inusitada, de un dar a la caza alcance como proclamaba el místico carmelita Juan de Yepes. Como obras capitales de su trayectoria destacamos las imponentes figuras de Juan Pablo II (2002) y el Welcome Christi (2015), ubicadas en Chicago y Toronto. En la actualidad, nos sorprende con una impactante estatua que ocupará el lugar que se merece cerca del Museo Histórico al Aire Libre (Museo all’aperto Bilotti) de Cosenza y pretende ser el testimonio de la lucha por la libertad del pueblo brucio, representado por la figura de Bruttia, la Donna Brettia, quien –así lo afirma Marco Juniano Justino– capitaneó la revuelta contra los dominadores lucanos y –según Diodoro Sículo– asumió el título de reina en 356 a. C., erigiéndose así en la primera mujer guerrera de la historia del mundo occidental.

Cuatro siglos después, aparece en el devenir histórico la británica Boadicea o Budicca, quien, en el año 45 d.C., intentó sin éxito liberar la isla de los romanos. Sin embargo, entre las dos mujeres guerreras se establece un tratamiento diverso y paradójico. Boadicea, derrotada en el campo de batalla, ha triunfado en la historia. Los británicos la declararon heroína de las libertades inglesas y le erigieron una estatua en el Puente de Manchester junto al Parlamento inglés, en imperitura memory.

Donna Brettia, victoriosa en el campo de batalla, ha perdido en la historia debido a la ominosa preterición del Imperio romano que odiaba el coraje de los brucios, remisos a someterse a su poder. Ahora Eva Riquelme reivindica la figura valerosa de esta mujer indómita y revierte el olvido en justicia histórica recreando su aguerrido arrojo en una estatua que devolverá a Calabria (Consentia urbs magna Bruttiorum) el orgullo de saber que los brucios no fueron felones sino, muy al contrario, un pueblo de héroes.