Cuando en este año se ha celebrado el Centenario de la Fiesta de los Patios de Córdoba, quiero centrarme exclusivamente en la Fiesta, o sea, en lo que es objeto de Declaración por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Esto debe ser un ejercicio obligado, de saber lo que estamos hablando en cada momento, porque es muy habitual hablar solo de “Patios de Córdoba” y, claro está, esto es un fondo de saco donde todo puede tener cabida y que a la postre podamos tergiversar el sentido de nuestra Declaración Universal. El objetivo es claro, “No hay que mezclar churras con merinas", porque del tipo de las churras hay muchísimos patios en Córdoba, como también los hay en Sevilla o Granada por ejemplo, cuando del tipo de las merinas solo quedan algunos ejemplos en Córdoba que hay que cuidar con mimo. Pero ¿por qué decimos esto? ¿Dónde encontrar la autenticidad en nuestra Fiesta de los Patios?

Estas preguntas nos ubican en el objetivo de esta reflexión para hablar de lo inmaterial, precisamente el hecho que justifica la Declaración de la Unesco, lo que nos obliga a recorrer un periodo ya largo, centenario, intentando comprender su origen a principios del siglo XX, su evolución y decadencia en las últimas décadas del XX y, por último, su situación actual.

En primer lugar, debemos obligadamente recurrir al expediente de la Unesco para saber ¿Qué se ha declarado? y ¿qué se valora en dicha Declaración?

“Las casas de patio son viviendas colectivas habitadas por varias familias, o grupos de viviendas individuales, que poseen un patio en común y están situadas en el barrio viejo de la ciudad”. “La fiesta comprende dos acontecimientos principales: el Concurso de Patios y la Fiesta de los Patios de Córdoba” .“La Fiesta de los Patios de Córdoba promueve la función del patio como lugar de encuentro intercultural y fomenta un modo de vida colectivo sostenible,...”

De lo que podemos resaltar dos cuestiones: La primera, es su inscripción como Patrimonio Cultural Inmaterial, valorando que en el ámbito de casas colectivas se produce una convivencia entorno a un patio común como lugar de encuentro y convivencia entre vecinos; La segunda, es la valoración del hecho Festivo donde en la primera quincena del mes de mayo los partícipes de la Fiesta, o sea los propietarios, realizan el esfuerzo de preparar su patio para el Concurso y, especialmente, abrir las puertas de sus casas para que todos lo puedan contemplar.

Desde principios del siglo XX, el extenso Casco Histórico de Córdoba va a acoger la población que emigra a la ciudad como consecuencia de la Revolución Industrial y la falta de trabajo en las zonas agrícolas. Un proceso por todos conocidos y que se realiza de igual forma en todas las grandes ciudades, pero Córdoba dispone en su Casco Histórico de un ingente patrimonio histórico: palacios desocupados, conventos desamortizados, casa solariegas y también solares para la promoción de nueva planta… donde se acogerá en alquiler a la nueva población que llega a Córdoba, en una demanda tan importante que las casas de vecinos tendrán un protagonismo especial en la forma de vida de nuestra ciudad, hasta que a partir de los años 70 se iniciará una fase de decadencia.

Las casas de vecinos son el alma de la Fiesta de los Patios de Córdoba y, también en cierta forma, el ADN de los cordobeses que continúa perpetuándose. ¿Qué es lo que pasa en ellas durante gran parte del siglo pasado? Pues, pasa de todo: el hambre y la miseria junto con el compartir del que tiene un poco más; el frío o el calor de un clima riguroso junto a la belleza floral de un mayo primaveral; las riñas y trifulcas entre los vecinos y la obligada reconciliación de la convivencia; el patio como única escuela de la vida en el que se aprende de los demás; el orgullo y competencia de tu patio y de tu comunidad de vecinos respecto a los otros colindantes; la decadencia de las personas mayores que encuentran en sus vecinos una familia más allegada incluso que la propia; la sabiduría de una naturaleza, de plantar y replantar las flores en latas de tomate, palanganas viejas o incluso en caracolas; el ruido del agua o el cantar de un canario... En definitiva, un modelo de vida obligado quizá con más inconvenientes que ventajas, lo que a la postre significará su paulatina desaparición, pero también muy querido por sus partícipes, nuestros mayores que quisieron permanecer en sus patios hasta el final de sus días. Para ilustrar estas cuestiones es de obligada lectura el libro de Sebastián Cuevas La casa de los muchos 1989, del que resaltamos estas palabras: “Contando así esta historia, al hablar de la Casa de los Muchos se habla de gente que vive en este refugio cordobés y, en siguiendo sus pasos, acabamos contando toda la ciudad, de la que éste mundo es como el hormiguero, porque en él hay vida las veinticuatro horas del día y un espíritu común de enjambre, para lo bueno y para lo malo”.

Lo inmaterial de la Fiesta de los Patios tiene un soporte físico, que lo justifica y alimenta, en los inmuebles de Casas de Vecinos, del que entendemos que debemos hablar algo para evitar confusiones. El refrán “No es oro todo lo que reluce” debe hacernos reflexionar sobre la autenticidad de los Patios de Córdoba, y que desde la perspectiva de la Declaración de su valor inmaterial, no puede aceptarse todo lo que plantado con vegetación y macetas, por muy bellos que sean, intente confundir la esencia de la Fiesta de los Patios. No me refiero en absoluto a los patios que se presentan al tradicional concurso: todos ellos y sus cuidadores tienen el cielo ganado por el esfuerzo realizado. Me refiero a otras ofertas turísticas, que al amparo del tirón de los patios de Córdoba, llenan con macetas los patios de edificios monumentales que, ajenos a la convivencia y a la Fiesta, pueden llegar a tergiversar la imagen que el turista se lleva de nuestra singular Declaración.

Se ha escrito mucho sobre su origen: que si son “romanos” o “árabes”... Pues bien, ni lo uno ni lo otro. La arquitectura que da sustento a la Fiesta de los Patios de Córdoba tiene su origen y peculiaridades propias justamente en su proceso de habilitación como Casas de Vecinos, o sea, a partir del siglo XX. Esta transformación de los inmuebles preexistentes a una fragmentación de unidades habitacionales –lo más normal de una o dos dependencias- y con la ubicación de los servicios comunes entorno al patio –cocinas, lavaderos, WC...-, se realiza en función del inmueble disponible, de su tamaño y número de patios. Y claro está el inmueble preexistente de origen podrá ser árabe, mudéjar, renacentista, barroco... pero la transformación que se realiza para su adecuación vecinal tiene unas señas de identidad propias, ajenas a la arquitectura y que en muchos casos se practica sin la intervención del arquitecto –un ejercicio del promotor que simbólicamente podríamos denominar “no arquitectura”-, que atiende a criterios de máximo aprovechamiento de los espacios disponibles: realizando tabicados para la ocupación del espacio de las galerías de arcadas preexistentes; la colocación de escaleras en los patios para el acceso de dependencias de planta primera que quedan sin comunicación; la creación de galerías o corredores para conectar los patios existentes para facilitar el acceso y distribución hasta las zonas últimas del inmueble.

De otro lado, la arquitectura de nueva planta de las casas de vecinos realizadas sobre solares disponibles, se realiza intentando mejorar los problemas de convivencia entre vecinos, dotándolos de zonas comunes más amplias y con mayor independencia de las unidades habitacionales. Bien adosando las viviendas a las medianerías y dejando el espacio resultante interior como patio, o bien creando un entramado interior de calles que distribuyen las viviendas, de la que Marroquíes 6, en este último caso, es un claro exponente.

La arquitectura de las Casas de Vecinos de Córdoba, tiene una idiosincrasia propia, alejada del estándar urbanístico fijado en el Plan General o incluso en el PEPCH de Córdoba. Desde la Declaración de 2012 de la Unesco no ha existido una preocupación urbanística por adecuar dicho Planeamiento, obsoleto desde esta perspectiva de lo intangible, a los valores inmateriales que se señalan en la Declaración de la Fiesta de los Patios de Córdoba. La necesidad de un inventario específico, la convivencia en torno a un patio, la conservación y rehabilitación de casas de vecinos y su incorporación a la participación en la Fiesta, la incorporación de los jóvenes a este modo de residencia y convivencia que, aún por antigua, sigue siendo válida o al menos debemos seguir intentando que lo sea.

A partir de 1970, las casas de vecinos inician una progresiva pero imparable decadencia: el estancamiento de los precios de los alquileres que hace inviable el mantenimiento de las casas y el interés de su extinción por sus propietarios; la avanzada edad de las personas mayores que las habitan; las nuevas promociones de de vivienda, ya sean de pisos o casas, que ofertan un modelo nuevo de cierta independencia.

A partir de 1970, la Casa de Vecinos entra en decadencia, con problemas por todos conocidos de alquileres exiguos, falta de mantenimiento y progresiva desaparición, y derivado de ello también su participación en la Fiesta. Pero el orgullo de sus vecinos ante adversidad y la inminente declaración de ruina de sus patios les lleva a quemar su último “cartucho”: presentarse a la Fiesta de los Patios de Córdoba con toda su dedicación y esmero, incluso con la decadencia física de sus inmuebles. Este es el caso de Polacas 2 que en 1979, y ante la inminente declaración de ruina de su inmueble, se presentan al concurso ganando el primer premio y logrando de esta forma paralizar su demolición. Pero otras, como Frailes 19 entre otros muchos ejemplos, no lograron paralizar la piqueta de la demolición.

La Fiesta de los Patios de Córdoba va evolucionando en las últimas décadas del siglo XX. Algunas casas de vecinos han sido adquiridas por un propietario único pero siguen participando en el Concurso. En el caso de Martínez Rúcker 1, ha sido muy positiva la adquisición de la propiedad por sus inquilinos, continuando su convivencia y su participación Festiva. Y especialmente debe resaltarse el ejemplo de algunos propietarios que continúan con el alquiler de sus Casas de Vecinos, con ejemplos tan significativos como Marroquíes 6, Pozanco 21, San Eloy 9...

Por otro lado, tenemos ejemplos de nuevas promociones de viviendas colectivas en el Conjunto Histórico con un especial protagonismo en la participación de la Fiesta de los Patios, entre otros Rey Heredia 19 y Marroquíes 6.

Hay también que resaltar especialmente el protagonismo de dos de asociaciones que han trabajado y siguen trabajando en la conservación de nuestra Fiesta: de un lado, la Asociación Amigos de los Patios de Córdoba, con sede en el tradicional patio de San Basilio, manteniendo las viviendas en el magnífico patio de la Casa de las Campanas, en calle Siete Revueltas 1; de otro lado, la Asociación Claveles y Gitanillas con sede en el patio de San Juan de Palomares 11.

Por último, y seguro que se quedaran muchas cosas en el tintero, hay que reconocer un trabajo muy positivo que la empresa municipal Vimcorsa, con la gestión técnica de Victoria de Larriva responsable del Departamento de Rehabilitación, ha desarrollado en el ámbito del Conjunto Histórico y especialmente en el ámbito de la Fiesta de los Patios con las actuaciones en casas de vecinos como Diego Méndez 11, Martín de Roa 7 y 9, San Juan de Palomares 11, y especialmente con la rehabilitación uno de los patios por excelencia de nuestra Fiesta, Trueque 4, como Centro de Interpretación de la Fiesta de los Patios de Córdoba, con un contenido museístico acorde a los valores Inmateriales de la Declaración. Algo que no puede faltar en Córdoba para que los turistas que llegan a esta ciudad, en otras fechas a la de celebración de la Fiesta de los Patios, puedan tener una idea de lo que esta Fiesta es y de lo que representa esta “cultura inmaterial” de nuestra identidad cordobesa al resto del mundo. Pero también es necesario para difundir su conocimiento y disfrute, para nuestros hijos o de nuestros mayores, con actividades programadas de difusión que han tenido una gran aceptación por sus partícipes.

La situación actual de la Fiesta de los Patios de Córdoba en el año de su Centenario es firme, especialmente por la implicación de sus partícipes, de su cariño y dedicación a la misma. Lo que no es óbice para que una reflexión entorno a los dos pilares base, convivencia en el patio y Fiesta, pueda acrecentar su desarrollo en el futuro.

Con alegría se festejó en el 2012 la inclusión de la Fiesta de los Patios de Córdoba por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, lo que significa una gran satisfacción para Córdoba pero también, a la vez, una gran responsabilidad en su protección, inventariado y acrecentamiento de su conservación en el futuro.

Lo inmaterial es esa lección de convivencia que antaño se dio en las Casas de Vecinos de Córdoba y porqué no pensar que pueda seguir sirviendo a nuestra sociedad actual: los programas de viviendas en alquiler, la convivencia de nuestros mayores o de la jóvenes que buscan con dificultad su primer espacio habitacional de independencia

Las casas de vecinos de Córdoba, las escasas que van quedando aunque siguen existiendo, y por supuesto todos los partícipes de la Fiesta de los Patios, han de ser objeto de especial atención y mimo por las autoridades. Todas las ayudas públicas y privadas serán pocas si se consigue conservar y acrecentar unos valores, que la Declaración de la Unesco identifica como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Más allá de lo festivo del tradicional concurso de Patios de Córdoba, más allá de las flores y del colorido, más allá de la rentabilidad turística y económica... no es difícil intuir que hay una realidad compleja de personas, de carencias y de deficiencias, que van a exigir un trabajo complejo para mantener la autenticidad y la permanencia de este patrimonio inmaterial que nos identifica a todos los cordobeses: ése debe ser nuestro reto.

 

(*) Francisco Riobóo Camacho es coautor del libro 'Córdoba Interior: la vida desde el patio'