¡Qué rancio me siento con otro año de esta Andalucía que me cantan y que no veo! Será que ya estoy en mis cataratas. Cuarenta años levantándome cada día para pedir tierra y libertad, y la tierra y la libertad esperando no sé dónde ¡y olé!, y yo acostándome cada día y punto. Y encima, claro, era de esperar: los que se pusieron a escribir el himno y tararear su música no cayeron en la cuenta de que eso de levantarse y pedir tierra y libertad para Andalucía libre, España y la Humanidad es mucho pedir, así que, ¡claro!, unos por otros, la casa sin barrer ¡y olé!; y el hecho es que por más que pedimos, nos hemos tragado otros cuarenta años de paz y ciencia, o sea, de paciencia ¡y olé!, pero seguimos cantando cada febrero, confundidos con el Carnaval y las Carnestolendas o lo que nos quisieron traer éstos y éstas que se inventaron aquello y aquello, tentándonos con el huevo que el astuto cuco nacionalista nos depositó en el nido nacional. Y que si quieres arroz, o sea, a Ros, Catalina ¡y olé! Y la bandera blanca y verde vuelve tras siglos de guerra ¡y olé! ¿Pero dónde se había ido? Y los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos ¡y olé! Pero ¿qué fuimos los andaluces? ¡Madre mía, a quién se le ocurrió esa letra con esa música que suena a los campanilleros o a marcha de Semana Santa! Y que tenemos lengua propia y un ordenador portátil para cada niño de cada escuela ¡y olé! Y más paro, más emigración, más virus ¡y olé! Menos mal que autonomía, como ciudadanía, son femeninas, porque si no tendríamos que andar inventando otro palabro para la misma vaina de autonomío y autonosuyo, pues de lo que se trata es de que cada cual sigamos cantando mientras nos levantamos cada día del jergón a pedir tierra y liberad ¡y olé!, pero el pedido nunca llega y hay que seguir insistiendo. Y otro año más la bandera vuelve tras siglos de guerra ¡y olé! ¡De qué cosas tiene uno que enterarse, tierra mía y olé! ¿Dónde están estos cuarenta años de nuestras vidas ¡y olé!? ¿Dónde, aquellos discursos, aquellos parlamentos, aquellas promesas y sus prometedores prometientes y prometidas que tanto prometían prometiendo y prometiendo ¡y olé!? Y el pueblo, un año más, a cantar esa letra y a seguir pidiendo, porque para el vicio de pedir está la virtud de no dar ¡y olé!

* Escritor