Es verdad que cada vez que ha sido planteada la educación Sexual como parte de la enseñanza en la escuela ha habido revuelo, reacciones, a favor o en contra para al final quedarse en una meras charlas y cumplir el expediente por una parte, otros reivindican que sea la familia quien participe en la educación, creándose un conflicto que en nada beneficia a una educación sexual seria y no problematizada. Y es positivo que deseen opinar sobre la educación sexual que se imparta a sus hijos, mostrando así interés por participar en su educación integral, tanto a través de las ampas como de los consejos escolares que para ello se constituyen. Por lo que no se entiende a quienes no aceptan el Pin parental, ¿miedo a qué?, no se trata de ser progre o conservador.

Están los padres y educadores ante un enorme retos que es librarse de los mitos, presiones, presiones, ideologizaciones… y un inmenso cúmulo de actitudes negativas, que deben llevar a recuperar el sentido común en una de las labores más bellas y bonitas, la de ser los principales educadores de sus hijos y alumnos, y darnos cuenta de que no deben recorrer el camino de sus vida solos y sin sus guías más deseados y apreciados: su derecho a una educación afectivo-sexual debe ser aceptado, reconocido, promovido, defendido por todas las familias y educadores desde una actitud positiva y una antropología humana y humanizante. Este derecho abarca entre otras muchas la posibilidad de los hijos a vivir y expresar su propia sexualidad, incluyendo el desarrollo en ellos de la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre su vida sexual que tenga en cuenta la conducta ética, pero sobre todo el derecho a una formación e información positiva, sana y progresiva conforme avanza su edad para tomar decisiones libres, realizadoras y gozosas, por lo que la información y educación debe ser integral, verdadera, clara, crítica, respetuosa con su propia sexualidad y la de los demás.

Debe ser generada a través de un proceso libre de presiones externas y de acuerdo a su desarrollo mental, involucrando además de la familia a todos los estamentos que colaboran en la educación de nuestros hijos. La educación sexual es una de las tareas más necesarias y cruciales, demasiado importante para dejarla sólo en manos de la escuela o en manos de los compañeros, la calle o la TV. Los padres tienen el deber de colaborar a que descubran esta dimensión humana sin temor a que hablar sobre sexualidad a sus hijos les provocará el deseo de ser activamente sexuales. Hagan lo que hagan los padres sus hijos explorarán su propia sexualidad, por tanto una buena educación e información sexual les ayudará a apreciar y a respetar la sexualidad, pues la ignorancia no suple al conocimiento.

Una pregunta: ¿Es bueno para ellos hablar de la sexualidad? o mejor guardar silencio. De lo que no hablan ni bien ni mal se piensa que es malo, mas los padres nunca deben ignorar que el derecho a la educación sexual es del niño y son quienes, en conexión con los centros educativos, la deben dar , y ser su mejor ejemplo en el amor.

*Licenciado en Ciencias Religiosas y educador sexual