Que no, que no... que es un bulo ampliamente desmentido el que desde el partido animalista Pacma se haya protestado por el maltrato a las sardinas que supone asarlas en los típicos espetos playeros, una forma de comer que para muchos cordobeses con el alma en Fuengirola, servidor incluido, es casi una cuestión sagrada.

Pero ya digo... se trata de otra fake new. Y es verdad que si fuera cierta la información tendría mandanga, pero justamente el partido Pacma (por cierto, la sexta formación política en Córdoba en las últimas elecciones generales, que no es moco de pavo ni hay que olvidarlo) es la primera interesada en no dar ningún mensaje extremista, y mucho menos tan estúpido como el de la tortura sardinera de los espetos, porque informaciones así solo sirven para desacreditar al partido y desvirtuar un mensaje bastante serio en general sobre los animales, homo sapiens incluidos.

Pero profundizando en esta noticia falsa y sus repercusiones, llama la atención la cantidad de artículos que, además de recordar que Pacma jamás ha hecho esta crítica sardinera, se han preguntado por qué ha logrado tan tremenda repercusión y si en ello ha tenido que ver estos tiempos de confinamiento y nueva anormalidad .

Y es que la reclusión y el semiaislamiento posterior han sido campo abonado para las noticias falsas porque ha dado mucho tiempo libre (y ya saben el refrán: «Cuando el diablo se aburre, mata moscas con el rabo») y ha aumentado la mala baba en la población general debido a tanto sufrimiento, tanto miedo que se transmite a más velocidad que el virus, tanto temor a contagiarse o perder el trabajo y tanto político que ha echado leña al fuego del descontento general en lugar de arrimar el hombro.

A esta rabia en aumento habría que achacar también otro fenómeno peligroso que se ha disparado en las redes sociales con la pandemia: el de los superjueces digitales, gente que con solo unas pocas palabras recibidas en su móvil sobre una cuestión, y sin documentarse al respecto lo más mínimo, se arrogan a la vez el papel de legislador de nuevas normas, policía, juez y verdugo, sin darse cuenta que su prepotencia es más antidemocrática y peligrosa para la sociedad que todo lo que pueda estar censurando. Dice otro refrán que «el camino del infierno está plagado de buenas intenciones». De la misma forma, el dictador rabioso de redes sociales siempre se presenta amparado por buenísimas intenciones.

Y es que cuando recibimos una noticia, y para no hacer daño a la sociedad, ya no solamente tenemos que preguntarnos si ésta es verdadera y viene respaldada por un medio de comunicación fiable o se trata de una mentira. Además, hay que estar vigilantes y pensarnos dos veces lo que hacemos antes de apretar el botón «enter». No vaya a ser que nosotros mismos con nuestra crítica seamos muchísimo peores que lo que criticamos H