El avance de los contagios por los rebrotes alcanza cifras realmente preocupantes en todo el país y la constatación de que una importante mayoría de los nuevos contagiados son jóvenes ha provocado la adopción de medidas contundentes. Un buen número de comunidades autónomas ha decidido ya suspender la actividad del ocio nocturno, sobre todo aquellas en las que más incidencia tiene la llegada de turismo durante estas fechas de verano, donde se suele agitar más la vida a altas horas. Así, discotecas, salas de baile y salas de fiesta con espectáculo se han visto directamente afectadas. En Andalucía, donde los principales rebrotes se vienen localizando también en lugares de concentración juvenil, el presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha citado mañana en Sevilla a los alcaldes de las 8 provincias andaluzas para analizar qué medidas adoptar para conciliar en ocio de los más jóvenes con las extremas medidas que las autoridades sanitarias aconsejan para frenar una nueva expansión del virus. Este fin de semana ya se ha visto aplicar rigurosos controles para impedir, tanto en zonas abiertas como cerradas, los llamados botellones, contra los que el propio alcalde de Córdoba, José María Bellido, ha advertido que la Policía Local actuará de forma tajante. Y es que, según el análisis de la incidencia en la provincia, tres de cada cuatro positivos de covid en julio ha afectado a la población juvenil. La mayoría de los nuevos brotes tienen su origen en contactos sociales, y la mayoría ocurrieron en un ambiente nocturno. Son hechos objetivos que se deben abordar con la debida atención para frenar la expansión del virus, y que acabe afectando a grupos de población más vulnerables, como son las personas mayores.

Actuar con rapidez ante los rebrotes es necesario, además, para no tener que recurrir a otro confinamiento. Antes de llegar a ese extremo, es bueno plantear acciones más acotadas, con efectos más limitados. Sin embargo, señalar a los locales de ocio nocturno o a los jóvenes como los grandes responsables de los rebrotes puede acarrear consecuencias negativas, entre ellas, la estigmatización. El cierre no es la única alternativa, además, porque el cierre de los locales puede conllevar que aumenten de forma exponencial los botellones y fiestas privadas sin control sanitario que acabarían desencadenando los rebrotes que se intentan zanjar. Sería más conveniente trabajar de forma conjunta con el sector, y buscar una solución que beneficie la salud pública sin que bares y discotecas, fuertemente castigados tras el parón económico, asuman más riesgos. Escuchar las peticiones de los empresarios de ocio nocturno, como aprobar un plan que regule su actividad con garantías sanitarias -como se ha hecho en el caso de los festivales de la cultura-, o ayudas directas en caso de tener que bajar la persiana si llega el caso, podría resolver la difícil ecuación entre salud y economía. Todo ello sin olvidar que la medida más eficaz es reforzar la concienciación social, muy escasa entre algunos sectores, tanto de jóvenes como no tan jóvenes, algo que no se ha conseguido con las recomendaciones difusas de las últimas semanas. La pandemia, en definitiva, obliga en primer lugar a un incesante ejercicio pedagógico, pero, a la vez, de vigilancia.