Opinión | Al contrataque
Presentes, pero calladas
Las mujeres intervienen menos en grupos grandes. Las evidencias científicas son consistentes. Natalie Telis, una científica de Stanford, monitorizó durante cuatro años las intervenciones que hombres y mujeres realizaban en conferencias. El resultado es que incluso cuando dos tercios de los asistentes son mujeres, solamente plantean el 45% de las preguntas. Este mismo patrón se repite en entornos docentes: en aulas numerosas, las niñas y mujeres participan menos. ¿Qué impide a las mujeres participar? Una posible respuesta sería la educación recibida y la construcción social alrededor del género. Otro estudio analizó las devoluciones realizadas a niños y niñas cuando contestaban a preguntas en clase: alabanzas y reafirmación para ellos, críticas para ellas. Resultado: hombres con autoestima reforzada y mujeres inseguras. En el ámbito profesional, la manappropriation (ideas expresadas inicialmente por mujeres no tienen impacto, pero recuperadas por un hombre acaparan atención positiva) refuerza esta inseguridad.
Ante esta situación, parecería que la solución pasa por potenciar la participación femenina. Pero aquí las mujeres también pierden. Aquellas que se visibilizan y autopromueven y muestran ambición son juzgadas como agresivas, arrogantes o narcisistas, tanto por hombres como por mujeres. Por ello, las mujeres deben elegir: invisibilidad o juicio. Los hombres también están afectados por estos sesgos estereotípicos, pero gozan de un mayor grado de libertad en su comportamiento. En este caso, la premisa sería que aquellos hombres que no hagan esfuerzos por visibilizarse y promocionarse pueden ser juzgados como incompetentes.
¿Cuál es entonces la solución? En primer lugar, y más importante, agudizar la atención a estas situaciones, que suelen ser un punto ciego para la mayoría. Detenerse a observar los propios juicios y los comportamientos ante intervenciones y contribuciones de niños y niñas, de adultos y adultas. ¿Tendría más valor este artículo si estuviera escrito por un hombre? Comprobar si existen diferencias. Posiblemente, sí. Salir de la aparente posición políticamente correcta y enfrentarse a la realidad. En muchos entornos es frustrante escuchar un discurso favorable a la equidad, seguido de acciones y comportamientos que son insensibles y van en contra de ella.
En segundo lugar, favorecer una participación equitativa de ambos sexos. Dando la palabra explícitamente a niñas y mujeres si no están interviniendo. Utilizar un lenguaje neutro, y censurar intervenciones agresivas que avergüencen, culpen o muestren desdén hacia las opiniones expresadas. Se trata de prácticas simples, incluidas en el modelo de comunicación no violenta desarrollado por el psicólogo Marshall Rosenberg, que permiten que las personas puedan expresar sus opiniones e ideas en un entorno seguro para su integridad emocional. Si incluso así no se produce una participación equitativa, se recomienda discutir este tema abiertamente.
* Profesora agregada de la UPF
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