Cada día que pasa, la historia, nuestra historia, le da más razón a Chaves Nogales, el periodista sevillano que fue precursor de la Tercera España después de denunciar, con el arma de su oficio, las barbaridades que cometieron las otras dos durante la Guerra Civil. Tomó partido por la decencia hasta convertirse en un indeseable para los dos bandos y, por eso, cualquiera se lo habría quitado de en medio de buena gana de no haberse exiliado. Chaves estuvo olvidado demasiado tiempo, primero porque seguía siendo un indeseable para el bando victorioso, y segundo porque erró en uno de sus más feroces pronósticos: «Después de la guerra no habrá ningún espacio para la tolerancia y la convivencia pacífica en España». Algún espacio quedó, de ahí que muerto el dictador se puso en marcha un mecanismo democrático que fue balsámico, gracias a la generosidad del bando perdedor. Borrón y cuenta nueva hasta que la sociedad que alumbre la Tercera España esté madura y sepa leer la historia con rigor e inteligencia. Zaragoza, y lo escribo con profunda emoción, dio muestras de madurez y honestidad al levantar un memorial en recuerdo de los más de 3.000 republicanos fusilados durante la Guerra Civil y el franquismo, que durante muchos años solo existieron para sus familias y que hoy son dignamente recordados en el cementerio con su nombre y apellidos. Como son dignamente recordadas las víctimas del otro bando a las que nunca les fue negada su identidad. Madrid, y lo escribo con profundo dolor, ha arrancado las 2.937 placas que recordaban a las víctimas de la represión franquista en el cementerio de La Almudena y hasta los poemas que hacían más comprensible el memorial. Esto no lo hace la Tercera España, esto lo hace quienes pecan contra la inteligencia, el único pecado que reconocía Chaves Nogales.

* Periodista