Los cambios de estación son cada vez más parecidos a los consejos que dio el pasado miércoles el consejero de Economía en el acto de presentación del Anuario Económico del Diario CÓRDOBA, unas horas antes de la entrada de la primavera: las nuevas estrategias para el desarrollo digital de Andalucía, donde el acceso a Internet se ha convertido en un instrumento fundamental para el mismo. Muy bien. Estamos en un mundo nuevo en el que el plástico nos rompe los mares y el calentamiento global va mudando la cara del planeta. Nos sentamos en el ordenador y vemos en su pantalla cómo el cambio climático se va apoderando de la Tierra. Pero, al mismo tiempo, y viendo que la primavera entró el miércoles por la noche, nuestro pensamiento retorna a la lógica simpleza del comienzo de las estaciones cuando éramos niños y nuestro pensamiento todavía no se había contaminado, ni era digital. Las estaciones más contundentes, como más o menos pueden seguir siendo ahora, eran el invierno y el verano. El invierno eran sabañones, sobre todo en las orejas, cuando muy de mañana íbamos para la escuela en la lógica soledad de la infancia. El verano era un contundente sudor cuyo olor se apropiaba del ambiente y ardían bastantes terrenos sembrados al lado de los barbechos. Y las albercas de las huertas de nuestros amigos, cuyos padres nos permitieron aprender a nadar en aquellas aguas tan verdes como la imaginación. El otoño no era casi nada, si acaso el comienzo de curso y las tardes de la ermita, cuando el sol se ponía rojo enseguida y el tiempo se acortaba. La primavera eran los nidos, los pájaros, los espárragos y un sol que empezaba a calentar. Y en los parques y jardines, las nuevas plantas que inspiraban a los poetas. Era cuando, más o menos, llovía en invierno y en primavera, hacía calor en verano y en otoño, sobre todo para el Cristo, cogíamos las primeras chaquetas contra el frío. Tiempos en que los jóvenes teníamos trabajo con sueldo digno cuando acabábamos una carrera y la sociedad, aunque aún dependiente del nacional-catolicismo, empezaba a poner en entredicho tanta milagrería, cuando los bancos maniobraban un buen sueldo pero aún atendían de 9 a 14 horas y cuando las estaciones eran crudas en sus fríos y calores, pero soportables por su autenticidad. Ahora quienes mandan son los nuevos argumentos del siglo, las nuevas estrategias para el desarrollo digital de Andalucía, como dijo la otra tarde el consejero de Economía Rogelio Velasco. Pero conviene aconsejar que no debemos perder aquel tiempo en que no había Internet y el mundo se movía por elementos tan básicos como el frío y el calor del invierno y el verano y la belleza del otoño y la primavera.

* Periodista