La soberbia disfrazada de Aznar, jaleada por Casado y los suyos, visitó la comisión de investigación de la financiación irregular del Partido Popular, para mentir y despreciar. Desde su conocida arrogancia, no reconoció nada de lo que ya está judicialmente acreditado: no hay Caja B, la trama Gürtel es poco menos que una milonga, los tentáculos de la corrupción no existen, la financiación ilegal es un cuento, el PP no está involucrado en nada y por tanto no ha sido condenado, no se pagaron sobresueldos, no conoce a Correa --el mismo que le organizó varias campañas electorales--, y tampoco se disculpó porque «no tengo que pedir perdón por nada».

Mintió; como mintió con el 11-M y con la guerra de Irak. Pero eso sí, después del esperpento, Casado y el histrión Aznar, encantado de conocerse --«me lo he pasado muy bien»-, se han hecho muy amigos.