Opinión | Tribuna abierta
Los Reyes de Pamplona y Córdoba
No hace muchos tiempo que se ha dado a una calle en Córdoba el nombre de un personaje ilustre llamado Abu Yusuf Hasday ibn Ishaq ibn Saprut, más conocido por Hasday ibn Shaprut. Es bueno y saludable que rememoremos las personas que fueron célebres muchos siglos atrás y aunque este personaje no nació en Córdoba sí lo hizo en una ciudad de Andalucía y además vivió desde muy niño en nuestra ciudad seguramente con motivo de las actividades económicas de su padre. Fue un personaje que nació en 910 en Jaén, aunque Leví Provenzal en la Historia de España de Menéndez Pelayo dice que en 915. Lo que sí parece cierto, porque todos los biógrafos están de acuerdo, es que el fallecimiento le ocurrió en Córdoba en el año 975. Tuvo el apodo de «Al-jianí» (el jiennense) Era hijo de Ishaq ibn Shaprut. Persona de muy buena posición económica, piadoso y amante fiel de la fe judía. Fundador de una sinagoga y reputado mecenas de escritores e intelectuales judíos. Su hijo Hasday estudió en Jaén y fue educado en el estudio de la Biblia. Tuvo una cultura muy extensa, hablaba perfectamente hebreo, árabe, latín y griego y las lenguas romances. Estudió medicina y la ejerció con gran acierto. Es la primera personalidad hispanojudía cuya vida y obra se conoce con cierto detalle. Según Heinrich Graetz fue el principal promotor de la célebre Edad de Oro de la cultura judía en España.
En la corte de Abd al-Rahman III al-Nasir, desempeñó un gran papel en la cancillería. Ostentó la dirección de una oficina fiscal y la supervisión de la aduana del puerto de Córdoba. Fue consejero personal del Califa y de su hijo al-Hakam II. Cuando llegaba una embajada de los reinos cristianos del Norte, servía de intérprete al Califa, ya que éste fingía no conocer el romance. Fue su embajador con Ordoño III de León.
La embajada más importante que desempeñó fue la que llevó a cabo con el Reino de Pamplona, tras la petición de la Reina Toda Aznar a su sobrino nieto Abd al-Rahman III, que le enviara un médico para que curara de la gordura a su nieto Sancho I «el Craso» de León que por esto había sido destronado por los nobles leoneses y castellanos, encabezados por el conde Fernán González. El Califa decidió que en vez de que el médico fuera a Pamplona a ver a Sancho I, que viniera éste a Córdoba para ser curado de su excesivo volumen y le pidió que también le acompañara la Reina Toda Aznar y Teresa Ansúrez, esposa de Sancho I. Para seducirlo más, le prometió que le ayudaría a rescatar su reino de León que se lo había arrebatado Ordoño IV «El Malo». El único problema fue que la Reina era ya de avanzada de edad para un viaje de esa envergadura pero al fin lo consiguió hacer y el Califa pudo así satisfacer su vanidad delante de su pueblo, al mostrarle que la Reina Toda Aznar y un rey cristiano habían venido a postrarse a sus pies. La estancia en Córdoba se culminó con la mejoría de Sancho I de León de su excesiva balumba y conseguir para él de nuevo el Reino de León.
El éxito de Hasday fue grande y causó gran sorpresa ya que pudo reducirle el volumen que había alcanzado teniendo que llegar, según la leyenda, hasta coserle los labios para hacerle adelgazar, porque su apetito no tenía fin.
Fue médico del califa Abderramán III (912-961) y continuó con su hijo, el califa Alhakén II. Gracias a sus cualidades llegó a ser uno de los principales consejeros de los dos. Aunque nunca llegó a recibir el título oficial de visir, ejerció funciones similares a las de un ministro de asuntos exteriores actual. De hecho ostentó el cargo de nasi, una especie de «principado» como máximo responsable de las comunidades judías de al-Ándalus. Estableció alianzas entre el califato de Córdoba y otras potencias, y se encargó de recibir las embajadas como la que en 949 envió a Córdoba el emperador bizantino Constantino VII Porfirogeneta, que trajo como presente al califa el magnífico Códice de Dioscórides muy valorado por los médicos y naturalistas árabes Hasday ayudado por el culto monje bizantino Nicolás, tradujeron la obra al árabe.
También mantuvo relaciones con varias escuelas rabínicas de Oriente, como la de Qayrawan, Constantina y Babilonia. Fomentó los estudios rabínicos, nombrando a Mosé ibn Hanok director de una escuela en Córdoba y consiguiendo que el pensamiento judío de Occidente se independizase de la influencia babilónica y llegara a convertirse en el epicentro del saber judío a nivel mundial. Su figura marca el principio de la floreciente cultura judía andalusí. Estimuló el estudio de la literatura hebrea y apoyó a intelectuales como Menahem ibn Saruk de Tortosa, que fue protegido de su padre y Dunas ibn Labrat. Ambos dedicaron poemas a su protector. El embajador del emperador de Alemania Juan de Gorze afirmó que: «nunca había visto un hombre de intelecto tan sutil como el del judío Hasday ibn Shaprut».
* Escritor
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