Con motivo de la propuesta de Medina Azahara como Patrimonio de la Humanidad, se han publicado en la prensa local diversos artículos en los que se reitera, desde distintas instancias políticas e institucionales, un compromiso de la ciudadanía con la conservación del Conjunto Arqueológico.

De todos los argumentos expresados en las distintas declaraciones públicas que se han realizado, el que ha retenido con más claridad el ciudadano medio es el de los beneficios económicos que se derivarían, en el caso de conseguirse la nominación, por el previsible incremento del turismo en nuestra ciudad.

Es evidente que todo aquello que se produzca a favor de reafirmar la importancia de Medina Azahara como patrimonio de Córdoba será beneficioso para la ciudad y los ciudadanos pero ser Patrimonio de la Humanidad implica también un compromiso cultural, compromiso con el pasado y la correcta interpretación de los hechos históricos que tuvieron lugar en el mismo. Asimismo, un compromiso con el tiempo presente en el sentido de valorar el legado histórico no solo desde el punto de vista patrimonial --o sea de rentabilidad económica o de "política cultural" dentro de un clima "conservadurista"-- ni desde la visión exclusivamente estética. Es necesario considerar este legado como elementos materiales del pasado que nos permiten mantener una locución interpelativa con el mismo.

El ciudadano cordobés desarrolla su vida cotidiana en un ambiente urbano en el que abundan las referencias a la cultura de los tiempos de Medina Azahara. Pero la proximidad de estos signos no es la evidencia de que el ciudadano disponga de un conocimiento correcto de los hechos históricos que dieron lugar a ellos. Generalizando, se puede decir, que en este aspecto, el nivel de la pedagogía dirigida al ciudadano medio --que vive en un ciudad que aspira a tener cuatro "Patrimonios de la Humanidad"-- es muy bajo. Lo cual, pone de manifiesto una clara disociación entre la política cultural que se lleva a cabo y la realidad cultural del mismo.

Se puede enumerar, aún al riesgo de simplificar la realidad, una serie de factores que coadyuban a mantener esta disociación. El primero sería la supervivencia de un relato histórico mitificado que se inició desde los primeros tiempos de la desaparición de la ciudad palatina que circula como leyenda y que en la actual "cultura de consumo" se instala como historia. En segundo lugar, los procesos de "espectacularización" a los que se ven sometidas las "ciudades históricas" y la deriva de tratar los cascos antiguos de estas ciudades como parques temáticos con la consiguiente banalización del discurso histórico. La creciente tendencia de orientar la economía de las ciudades patrimoniales en base de la industria turística en detrimento del desarrollo de otras actividades productivas que demandan mayores niveles de creación, innovación y cultura general sería el tercer factor; seguido del papel hegemónico que está adquiriendo la economía mediática en las orientaciones políticas y culturales de la sociedad, favoreciendo a todo aquello que tiende a acentuar la segregación social y cultural en la ciudad. Por último, aquellas actividades de carácter pedagógico que se organizan en la ciudad en "circuitos cerrados"como seminarios, cursos, talleres, conferencias, etcétera impartidos por expertos y/o personas relevantes, que por estar situados en los niveles del "conocimiento superior", son inaccesibles para el ciudadano medio.

Por el contrario, como factores positivos para la evolución de este statu quo podemos señalar los movimientos que se están produciendo desde una "cultura de la calle" renovada, en la que nuevas corrientes están planteando la búsqueda de nuevos canales para la transmisión del conocimiento, desde tecnologías pedagógicas que encuentran en la cultura digital su mejor aliado. Pero quizás lo que interesa destacar aquí es la orientación de estos movimientos hacia el entendimiento de la cultura como ese espacio común que integra y no separa ni discrimina porque interpela a la vida y no solo al conocimiento.

Medina Azahara ha iniciado la apertura de un espacio de complicidad con la ciudadanía que puede representar una nueva e inédita etapa de "modernización" del Conjunto Arqueológico. Etapa en la que sería deseable un incremento de los canales de comunicación, intensificando el régimen de colaboraciones con entidades locales nacionales y extranjeras, --los recursos oficiales para la investigación fueron y serán siempre escasos-- y también abriéndose a esa nueva "cultura de la calle" que se va haciendo cada vez mas visible y necesaria.

Puede que sea el momento de pensar en hacer realidad la "escuela del Conjunto Arqueológico Medina Azahara" la cual por un lado será la expresión simbólica del la continuidad del conocimiento en la actividad arqueológica y por otra será el puerto cercano para la llegada de nuevas vocaciones de las cuales es una referencia ejemplar la figura del cordobés Manuel Ocaña, que se inició siendo delineante en los trabajos de las excavaciones de Medina y terminó siendo uno de los mas importante arabista de su época.

* Presidente de la Asociación Amigos de Medina Azahara