Se está acabando una época y empezando una nueva era. La señal es el papel que tiene la realidad virtual por encima de la biosfera. Dicen que la virtual es una nueva realidad de fantasía pero no es cierto. Para nada es fantástica porque se accede demasiado fácil y sin misterio alguno y además nadie puede nacer o morir en ella. Aun así, está prevaleciendo y cuando la generación nacida antes de la mitad del siglo XX desaparezca, estaremos en un mundo nuevo. Eso está a la vuelta de la esquina porque los nacidos del año cincuenta para abajo están falleciendo cada vez más deprisa y ello se está notando sobre todo en los pueblos. Hace poco fui a Iznájar. Pasé por la Puerta del Rey, la calle empinada donde antaño alegres familias vivían en cuevas. Caminé hacia arriba, hacia el castillo musulmán, el punto más alto, elevando también mi ilusión hasta el nivel de mi niñez. Parecía que estaba en la Comala de Pedro Páramo porque el lugar estaba casi vacío y los gatos me miraban con nostalgia como si fueran los espíritus de los que habitaron esa calle y ya murieron, entre ellos mis abuelos maternos. Cuando vas llegando desde Rute por la carretera secundaria y ves acercándose la montaña sobre la que está construido el pueblo, compruebas que es majestuoso sobre el pantano que lo rodea. Iznajar es escrupulosamente limpio y fascinante. Al cruce con sus habitantes te das cuenta de que el lugar sigue fiel a su gente y siempre la espera de corazón; porque lo más bello de allí es que los que permanecen no han cambiado y siguen tan entrañables y tiernos como en los años cincuenta. Vuelve.

* Abogado