Cuando me propongo escribir un artículo de opinión, casi siempre lo hago de forma crítica, haciéndome eco de lo que no me parece o considero mejorable, pero en esta ocasión voy hacer algo diferente, voy a referirme a algo mucho más gratificante, como es un canto a la buena gente, un canto a la amistad.

Es muy corriente oír "yo tengo muchos amigos, soy afortunado porque tengo muchos amigos, etc.", pero ¿de verdad son amigos o simples conocidos? Conocidos sí, se tienen muchos a lo largo de la vida con los que puedes compartir trabajo, cervezas, ratos de ocio, etc., pero eso queda ahí, simplemente ahí.

La verdadera amistad es algo mucho más profundo, es un sentimiento que trasciende la mera palabra, es darse sin pedir nada a cambio, es estar cuando alguien te necesita sin preocuparte condición social, económica, edad, es tender una mano para ayudar a levantar al que lo necesite, escuchar al que tiene un problema e intentar resolverlo, llorar y reír en compañía, es como el verdadero amor pero sin enamoramiento ni otras connotaciones, es decir, darse desinteresadamente.

En la auténtica amistad no existe la envidia, ni el rencor, ni el odio, todo fluye con normalidad, sin malas interpretaciones, sin dimes ni diretes, la disparidad de opiniones se neutraliza con el diálogo tranquilo, que dicho sea de paso, es el modo mejor para solucionar los problemas.

La familia te viene dada, como caída del cielo, no puedes elegir ni padre, ni madre, ni hermanos, ni donde nacer o morir. Lo único que podemos escoger es a la persona con quién formar la propia familia y a los amigos. Las dos cosas más importantes en la vida de una persona. La familia, donde te formas y realizas y los amigos con los que lo compartes. Indudablemente en ambas situaciones el amor y el respeto es el eje en donde gira y se fundamenta todo.

A pesar del laicismo imperante en nuestra sociedad, hay que reconocer que el sentimiento religioso universal tiene mucho que ver en todo esto. El querer apartarlo de la vida, a mi modo de ver, es un retroceso, es pretender negar algo palpable, es una forma de vida que lejos de ser un estorbo, da muchas satisfacciones. La educación, fundamental para el buen desarrollo de la persona y por consiguiente para la sociedad, para que sea completa, debe reunir una serie de valores tanto físicos como espirituales, éticos y morales, esenciales ambos en el devenir cotidiano, y esa forma de vida inculcada en valores, solo la recibes a través de una buena formación religiosa.

Termino haciendo mía esta frase tan significativa y esclarecedora: "Guarda al amigo bajo la llave de tu propia vida", de W. Shakespeare.

El verdadero amigo llega cuando los demás se van y se queda para siempre.

* DUE