Leyendo a San Pablo, lo que recomiendo a a cuantos no quieren quedarse en una religiosidad "de Misa y olla", compruebo que el gran Apóstol tenía una visión, para nosotros errónea, de lo que significa la presencia de la mujer en la vida pública, vetando así a la sociedad de gozar de los muchos valores que pueden aportar las mujeres.

Por eso es de comprender la gran alegría que he llevado recientemente una mañana cuando al recoger el Diario CORDOBA he visto en primera página, y con realce destacado, el retrato de dos mujeres, la presidenta de la Junta de Andalucía y la alcaldesa de nuestra ciudad como portadoras en sus distintos ámbitos de unos programas de trabajo para los revueltos tiempos que se aproximan.

Casi en alta voz, he proclamado mi alegría por esta realidad de dos representantes ilustres del género femenino y he llegado a pensar que había llegado el momento de dar su oportunidad a esa mitad de la humanidad hasta ahora casi totalmente obscurecida, porque además también venían en las mismas páginas noticias destacadas de la reina de Inglaterra y de la canciller de Alemania.

Pero, ¡ay!, nunca las alegrías vienen solas, y así, en otros lugares del diario se relataban las nefastas noticias de varias mujeres asesinadas por sus propios maridos o por extraños, en muchos casos sin motivo aparente, y así parece que se trataba tan solo del pago de la cuota que tienen que seguir dando las mujeres a esta sociedad por tantos motivos corrompida.

Ante ese panorama, nosotros, los que deseamos que también la justicia reine en esta faceta tan importante de la sociedad, debemos, primero profundizar en este criterio de igualdad de las mujeres, y después colaborar en agrupaciones de todo tipo que están al frente de esta ansiada revolución de "las mujeres al Poder".

Cooperemos, pues a esta auténtica revolución de las mujeres teniendo siempre presente que son iguales a los hombres y en consecuencia, asignemos esa igualdad en cuantos lugares podamos asignar un puesto en escalafón.

* Abogado jubilado