La muerte en verano es mucho más triste.

El pasado 23 de agosto perdía la vida de manera inesperada y súbita Fernando Sánchez, neurólogo de Córdoba, presidente de la Sociedad Andaluza de Neurología y amigo.

El doctor Fernando Sánchez ha sido el alma del Servicio de Neurología del Hospital Reina Sofía de Córdoba durante muchos años. Era un hombre especial. Excelente médico. Maestro y líder de muchos neurólogos que se han formado en su entorno. Nada rencoroso. Pese a haber sido tratado injustamente por la Administración, continuó con las misma entrega e ilusión, sin perder un ápice de interés por su trabajo y dedicando a la Neurología la mayor parte de su tiempo.

Una de las muestras de esta dedicación, juvenil optimismo y energía fue que, en julio de 2013, próximo ya el final de su carrera profesional, presentara su tesis doctoral en medicina titulada: Estrés oxidativo como marcador de severidad y pronóstico en pacientes con enfermedad de Huntington .

Profesionalmente, como neurólogo, se dedicaba a muchas cosas, no solo era investigador y especialista en esclerosis múltiple, también llevaba programas de investigación en demencias, ELA, además de ser un neurólogo de combate, de ambulatorio, de largas listas de pacientes e interminables horas de trabajo.

Morir en pleno mes de agosto impidió que la noticia llegase a todos los que lo querían. Su propia hija Cristina, que vive cerca de Avignon, no pudo llegar a tiempo a su entierro. Ello no impidió que la iglesia donde se celebró el funeral estuviera abarrotada, no solo de familiares, sino de compañeros, amigos, delegados de la industria farmacéutica y sus pacientes en un ambiente tristísimo, sobrecogidos por el impacto de su inesperada pérdida.

Fernando, como otros amigos, se marcha de este mundo antes de tiempo; estaba lleno de vitalidad y aún tenía muchos sueños y proyectos por realizar. Se marcha en paz, en plenitud, sin apenas notarlo, muy querido por todos y sin cuentas pendientes con nadie.

Lo conocía desde el bachillerato en Córdoba, sin embargo no fue hasta hace 15 años, a la sombra de la Neurología, donde trabamos amistad. Creo que lo conocía bien.

Hombre del sur, cordobés profundo, irónico... cuando hablaba de Sevilla, magnífico conversador, entrañable amigo.

Fernando era un hombre discreto, nada protagonista, había dedicado su vida mucho más a los demás que a sí mismo, y nos deja ese vacío tremendo entre los que lo conocimos y nos sentíamos amigos suyos.

Yo lo disfruté más como amigo que como neurólogo, con él he compartido mucho de su tiempo de ocio y trabajo, de sus pasiones... la música, la Semana Santa, los viajes, las palabras... Por eso los que lo quisimos lloramos por nosotros mismos que somos los que sufrimos su pérdida.

Para él, eran muy importante los amigos y sobre todo su familia, su esposa Isabel y sus hijos Cristina, Victoria y Carlos.

Ahora cierro los ojos y lo veo con su sonrisa, su desbordante simpatía, su cariño, su optimismo, su confianza y despreocupación por el futuro.

Descansa en paz, Fernando, los que te conocimos y compartimos parte de tu vida te recordaremos siempre.

Ricardo F. Bolaños. Neurólogo y secretario de la Sociedad Andaluza de Neurología

Sevilla