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Opinión

SERAFIN Linares Roldán

Ml aniversario del mihrab

La ampliación de la Mezquita la acomete el segundo califa omeya Al-Hakam II y es el primer acto que ejecuta después de ser enterrado su padre en Dar al-Rawda de Qasr al-Ha'yr en 961. La costea totalmente, siendo la más fastuosa de todas las que se realizaron. Al-Idrisi escribe: "Su belleza y elegancia desafían toda descripción, ni griegos, ni musulmanes labraron obra más exquisita".

Su gran preocupación era la orientación que debía de dar a la qibla o muro Sur, donde está situado el Mihrab, que ya venía mal desde Abd al-Rahman I. Para justificar el posible error existen diferentes versiones que pueden aclarar este rumbo que le dieron. Dicen que, por orden del nostálgico emir, la orientaron para que coincidiera con el mismo derrotero de la gran Mezquita de Damasco. O bien, que no orientaron su ruta como debían porque en aquellos tiempos el conocimiento de la astronomía no era tan exacto y no la dejaron con la correcta orientación hacia la ciudad santa del Islam. Estas dos opiniones parecen las más correctas y la primera siempre ha contado en Córdoba como la más creíble.

Para decidir la orientación que había de darse a la qibla convocó astrónomos, alfaquíes y alarifes. Tras largas deliberaciones, los primeros abogaron por rectificarla, alegando que su padre ya había orientado bien la Mezquita que construyó en Madinat al-Zahra ; los alarifes se inclinaron por mantener la antigua; y, por fin, el alfaquí Abu Ibrahim lo resolvió diciendo: "quien sigue la tradición acierta: fracasa el que se entrega a las novedades". Y terminó: "Alá con esta orientación, ha escuchado las oraciones de sus antepasados llenándoles de favores y grandezas".

Una vez solventado el problema, el Califa autoriza comenzar los trabajos el 19 de julio de 962. Las obras las siguieron con la misma línea constructiva en la que concurrían la tradición de Oriente y Occidente, porque de ambas tenían algo que las identificaba: de la Mezquita de Damasco, de edificios mesopotámicos; de los templos hipóstilos egipcios; y de las basílicas cristianas.

Esta nueva ampliación se inicia con un lucernario de una gran importancia arquitectónica. Sus arcos angrelados se apoyan en arquerías entrelazadas, que junto con las al-cobbas (cúpulas), que se levantan sobre arquerías de piedra y sus bóvedas con arquerías también entrelazadas, son lo más original, bello e importante, porque además se adelantan en casi en tres siglos al arte gótico. Estas bóvedas comenzaron imitándolas en las alzadas bajo las torres de los templos románicos del Norte de España, del Oeste de Francia y adaptadas en las primeras iglesias ojivales francesas.

A partir de este lucernario se da entrada a las doce arcadas, cuyas columnas se alternan una rosa, con capiteles de orden compuesto, y otra azul, con capiteles de orden corintio, que vistas en diagonal, son del mismo color. Hay un segundo lucernario (Capilla de Villaviciosa) con arcos polibulares y cruzados.

El nicho del Mihrab sobresale del muro de la qibla y para acceder a él tiene un hueco, a modo de puerta de entrada, que lleva a cada lado dos pares de columnas con sus basas y capiteles, de una gran belleza y de una perfecta ejecución, que procedían del Mihrab de Abd al-Rahman II, que se tuvo que demoler. El dintel de esta puerta carga sobre las jambas de las mencionadas columnas. El Mihrab es una habitación octogonal con zócalos de mármol y friso de alabastro, con arcos ojivales que "sostienen" la concha, de una sola pieza, que sirve de techo y en las paredes cenefas con caracteres cúficos. Su suelo es lo único que queda de toda la Mezquita.

La Maqsura , sitio reservado al Califa delante del Mihrab, está revestida de mosaicos polícromos, para lo cual Al-Hakam II solicitó del emperador de romanos Nicéforo II Focas un maestro para fabricar y colocar los mosaicos y no solo se lo envió, sino que le regaló veinte quintales de estas piezas. Los que ayudaron al artesano consiguieron tal maestría que incluso superaron al artífice bizantino. Sobre el arco de entrada al Mihrab colocaron en letras cúficas azules, los primeros cien nombres de Allah sacados de la sura LIX, 23 del Corán: "En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso, fuera de quien no hay otro Dios, el Rey, el Santo, el Salvador, el Fiel, el Guardián, el Fuerte, el Poderoso, el Elevadísimo, Gloria a Allah, y lejos de El lo que los dioses que le asocian. Musttansir bi-llah, siervo de Allah, Al-Hakam, Príncipe de los Creyentes...". Y en el al-infriz (alfiz) en letras también cúficas, unas inscripciones relativas a la erección de este monumento. Del centro de la Maqsura pendía una lámpara de plata con un gran número de candilejas de aceite.

La Maqsura tiene dos puertas, una a cada lado de la entrada al Mihrab. La del lado izquierdo es la habitación llamada bait al-mal (cámara del tesoro) donde se guardaban los utensilios, vasos de oro y plata y las bujías para la iluminación con candelas en la noche veintisiete del ramadán y en el lado derecho la puerta por donde entraba Al-Hakam al recinto de oración, en la que desembocaba al-sabat (pasadizo) mandado construir por el califa. Y delante del conjunto Mihrab y maqsura hay unos preciosos arcos lobulados

El Mihrab se terminó de construir en diciembre de 965, por lo que en 2015 se cumplirán 1050 años de esta colosal ampliación de Al-Hakam II y de él, el 13 de enero, se cumplirán 1100 de su nacimiento. De él dijo Ibn Hazm: "Fue entre todos el que más ardientemente ha amado la ciencia, era tal su entusiasmo que jamás el estudio de la historia y los tratados llegaron a fatigar su afición".

* Ingeniero técnico industrial. Escritor. Presidente Club Filatélico

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