Nos están llegando unas noticias espantosas. La primera vez que los medios de comunicación nos lo hicieron saber --con la correspondiente imagen incluida-- era una información difícil de creer. Y en todo caso, era una incomprensible rareza. Ver la foto fue un choque. Porque tenemos muchas atrocidades asimiladas, pero ver a un hombre alto, corpulento, vestido absolutamente de negro, con solo unos ojos entrevistos y un enorme cuchillo en la mano... Un cuchillo cerca del cuello de la inmediata víctima. Unos segundos después de presentar el espectáculo al mundo, un hombre con la cara descubierta y los ojos heroicamente abiertos sería decapitado. Ustedes ya han visto esta imagen. Si hablo de ella es porque la acción se ha repetido, y todos los indicios llevan a pensar que el espectáculo se irá repitiendo. Más que un gesto, puede ser un programa.

La historia de la humanidad está llena de ejemplos de matanzas, además de las que se practican con la excusa de las guerras. En la edad media --e incluso más acá-- hubo un trágico florecimiento de horcas, en las que mucha gente murió estrangulada. En un viaje a pie, un hombre que me acompañó saliendo de un pueblo alargó un brazo y me dijo: "Aquel cerro es el Cerro de las Horcas".

También hubo jaulas y mazmorras en las que se encerró a la gente para que muriera. Asesinatos políticos, religiosos y sociales. Y a menudo, ejecuciones terriblemente crueles. Hasta que la humanidad se inventó la pena de muerte reglamentada, impuesta por tribunales legales, con pretensiones asépticas. En algunos países se ha abolido la pena de muerte, de acuerdo con la afirmación que hizo Victor Hugo en 1848 ante la Asamblea francesa: "La pena de muerte es el signo peculiar de la barbarie".

Las imágenes que hemos visto por televisión, justo antes de la cuchillada mortal, no solo estremecen. Nos hacen pensar que la especie humana no existe. O que es una especie con familias y subgéneros. Como los perros y los gusanos.

* Escritor y periodista