El Papa Francisco sigue sorprendiendo. En su primer viaje a Corea, país donde los católicos son poco más del diez por ciento, ha sido la primera noticia días enteros. El interés popular ha sido tan grande, que algunos intelectuales hablan ya del "síndrome Francisco". Este viaje, después de más de año y medio de pontificado, confirma que el carisma de este Papa no sólo conquista el corazón de los latinos, --es el primer Papa hispano--, como lo demostró en su viaje a Brasil, o el de Europa católica, --como lo demuestra todos los miércoles la afluencia a sus audiencias romanas--, sino que es capaz de impactar también en el lejano Oriente. La pregunta surge espontánea: ¿Por qué el Papa Francisco atrae a millones y millones de personas? Hay tres elementos que explican el secreto de su carisma. Primero, "vive lo que piensa, piensa lo que dice". Lo que más detesta hoy la gente de un representante religioso es el llamado "doble discurso", es decir, predicar una cosa y vivir otra. En el siglo XXI, esto nos resulta insoportable. Las palabras del Papa son sencillas, las puede comprender cualquier persona, sin necesidad de estudios universitarios. Los gestos acompañan sus palabras: cuando predica misericordia, también la muestra. Y sus actos de gobierno, en particular, la reforma que está imprimiendo a la Curia romana, reflejan esas convicciones. El segundo secreto es también sencillo: "Habla al corazón, no como un político". Desde el inicio, Francisco ha mostrado y demostrado que su servicio como obispo de Roma consiste en tocar el corazón para que las personas puedan descubrir a Dios. Sus palabras no son de defensa de la imagen de la institución de la Iglesia. Al contrario, ha sido el primero en denunciar los pecados, límites y mediocridades que se dan en la Iglesia católica. No concibe su papel de Papa como poder, sino como servicio. En ningún momento se presenta como el jefe de Estado del Vaticano, aunque lo sea. Y el tercer secreto del Papa Francisco es su obsesión por presentar siempre una "Iglesia madre, no madrastra". Uno de los motivos principales por los que muchas personas en Occidente han abandonado la Iglesia es precisamente la actitud altiva de pastores y fieles acostumbrados a juzgar. Por el contrario, si hay una palabra que podría definir las enseñanzas de Francisco es "misericordia". Misericordia es la verdadera dimensión de Dios, que juzga a sus hijos con entrañas de madre. Una madre advierte al hijo del mal, de los caminos oscuros. El Papa no ha alterado para nada la enseñanza de la Iglesia. Ahora bien, tiene el talento para exponerla con entrañas. Estos son los verdaderos secretos del llamado "síndrome Francisco".

* Sacerdote y periodista