El delantero uruguayo Luis Suárez, flamante y todavía inédito fichaje del Barça, recibió ayer un jarro de agua fría después de que el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) mantuviera la parte esencial del castigo ejemplar que le impuso la FIFA tras el mordisco al italiano Giorgio Chiellini en el último Mundial. El 9 del FC Barcelona deberá cumplir finalmente con el castigo de nueve partidos con la selección uruguaya y de cuatro meses sin disputar encuentros oficiales. En cambio, podrá entrenarse con el equipo de Luis Enrique y es posible que juegue algún minuto en el Gamper.

La resolución del TAS respeta la parte disciplinaria de la sanción impuesta por la FIFA, que pretendía convertir el castigo a la barriobajera acción de Suárez en un aviso a navegantes. Y en eso, el organismo que preside Joseph Blatter lleva la razón. La conducta del delantero azulgrana es intolerable y supone una mancha, quizá irreparable, para él y para el Barça, el club que oficializó el fichaje tras el bochornoso espectáculo en el Mundial. El tribunal, sin embargo, en un ejercicio de sentido común, suprime la parte más discutible de la sanción, aquella que pretendía privar al futbolista de los entrenamientos con su equipo. La FIFA no es ejemplo de rigor en sus decisiones deportivas, económicas y disciplinarias, y sus resoluciones suelen pecar de arbitrarias. Tras su paso por el TAS, la sanción del caso Suárez parece menos injusta. Ahora toca que el futbolista y el Barça tomen nota.