Se acaba el año y mientras los resúmenes envasan al vacío el 2013, se acercan nuevas preguntas: ¿qué nos traerá el 2014? ¿Abdicará el Rey? ¿Subirán las pensiones? Ni idea. Vamos a ciegas y en realidad lo que vendrá se reduce a tres tipos de respuesta. Los pesimistas dicen que todo irá mucho peor, los optimistas dicen que todo seguirá igual o un poco peor, y luego está el Gobierno del Partido Popular, que dice que todo irá a mejor. De hecho, hace días que predican que España ya va mejor y etcétera, pero es solo una percepción interesada: aunque las grandes empresas empiecen a salir de la crisis y el Banco de España no sé qué, la mayoría de los ciudadanos no lo percibimos ni lo percibiremos de momento. Un ejemplo de este tipo de manipulaciones: en su última rueda de prensa del año, Rajoy hizo esa cosa que hace tan bien, que es mover un poco los labios, emitir palabras y no decir nada. Uno de los datos que aportó es que el año terminará con menos parados, pero en cambio admitió que el número de afiliados a la Seguridad Social ha disminuido. Es decir, trabajará más gente, pero cotizará menos. ¿Eso es una mejora, profesor Bacterio? He ojeado el periódicio de hace un año. Se hablaba de recortes a los funcionarios, de un nuevo récord de desahucios, de la privatización de la sanidad en Madrid, de la subida de la luz, del salario mínimo fijado en 645 euros (el mismo que ahora se han negado a subir). Mirando esas páginas viejas, no parece que hayamos avanzado en nada. Al contrario, ante la estupefacción pasiva de la gente, el Partido Popular ha puesto en marcha sus leyes de ultraderecha: la de educación (ministro Wert), la de seguridad ciudadana (ministro Fernández Díaz) y la del aborto (ministro Ruiz-Gallardón). Su idea de progreso es meternos en un túnel del tiempo y, en lugar del 2014, devolvernos a 1976, cuando la democracia estaba por hacer. Cada uno tiene las perversiones que tiene. Están a un paso de pedir a Bárbara Rey que retransmita las campanadas de Nochevieja desde la Puerta del Sol.

* Periodista