Hace unos días, mi querido amigo Antonio Gil se hacía eco de una pregunta en el diario Libération : ¿Y usted por qué escribe? Algunas de las respuestas que citaba de escritores famosos, que dice nos las han servido en bandeja, aunque yo creo que eran más que conocidas por la mayoría de los lectores, eran: escribo por dinero, por fama, por insatisfacción de otras cosas, etcétera. Es lógico que al igual que si preguntamos a cada ser humano cuál es el sentido de su vida, las respuestas sean tan variopintas como seres humanos poblamos la tierra. Yo, que no soy famosa, pero desde luego escritora desde que me salieron los dientes, y desde luego sincera, también, le contesto a nuestro querido periodista y no en las jornadas "Un otoño de novela", cosa que está visto queda para los grandes, sino desde esta humilde columna. Escribo porque al igual que el aire es necesario para respirar, el escribir es para mí necesario para vivir. Es decir, ¡claro que me gusta, como a todos, la fama, el dinerito, etcétera!, pero, cuando cada día de madrugada me siento frente al ordenador, todo eso me importa un bledo, me importa, sí, el placer de crear, dar vida a personajes, conversar, vivir con ellos, crear historias, ambientes, palabras y que de un folio en blanco salga una obra de arte. Legítimas, ¡no faltaría más!, todas las motivaciones, pero creo que un médico, por ejemplo, que ejerciera por dinero, nos alejaría su confianza o un político que nos dijera que busca la fama echaría para atrás nuestro voto. Escribir es un arte, y el artista se siente feliz, realizado con su creación, aunque no corra el dinero ni se le agite el incensario. El escritor no se improvisa; nace, vive y muere, sin decaer, a dúo con sus historias, las sufre, las goza en silencio. ¡Cuántos Van Gogh de la literatura, por suerte, corren por el mundo! ¡Ojala no se extingan porque en ellos encontraremos pura literatura!

* Maestra y escritora