Música sacra de Semana Santa que por su belleza entusiasma a los que tienen educada la sensibilidad. Me alegro que mi buen amigo Fernando Argenta siga empeñado en esos conciertos didácticos al frente de la Orquesta de Córdoba. Lo conocí, de pantalón corto y vestido de luto, en el Festival de Santander donde su padre, Ataulfo Argenta, fue el alma musical. Se le homenajeaba a titulo póstumo. Qué buena labor la de las concejalias de Cultura, Educación e Infancia. Educar la sensibilidad musical de niños --y también de los no tan niños-- anquilosada por tanto ruido disfrazado de notas musicales que recuerdan el tan tan de la selva. No olvido aquel lejano Viernes Santo cuando asistí en el Albert Hall de Londres a un concierto memorable: El Mesías de Händel cuyo Oratorio en tres actos ocupó toda la mañana. En Alemania asistí en Semana Santa a conciertos de Bach, compositor inolvidable por sus sonatas para órgano que inspiran sincera espiritualidad. Nuestro fervor a cristos y vírgenes necesita para ser sincero esta música coral. Oigo en mi memoria auditiva el antiquísimo Coro de Jesús Nazareno y de la Virgen de los Dolores, de Montoro. Son cánticos "a capella", sin más instrumentos que las gargantas de unos 40 hombres. Miserere ancestral de musicalidad polifónica arcaica donde lo religioso se mezcla con lo popular. Música medieval con aires gregorianos. Tradición oral transmitida de generación en generación por los montoreños. Pura musicalidad tuvo en Baena el pregón de Javier Rojano, por el texto tan poético y la manera de decirlo.

* Periodista