Llueven tantas piedras sobre nuestras vidas que, ocupados en esquivarlas como podemos, nos pasan desapercibidas, o hacemos como que nos pasan, las que llueven sobre los demás, a veces infinitamente más demoledoras. Sobre todo si la noticia se produce en un lugar tan alejado de las cámaras, y diría que tan dejado de la mano de Dios si no fuera porque allí está desde hace 32 años el obispo cordobés Juan José Aguirre, como es la República Centroafricana. En Bangassou, un rincón de esta antigua colonia francesa --que es uno de los países más pobres del mundo-- se había conseguido cubrir las necesidades más elementales de la población y ofrecerle servicios básicos gracias al empeño y la valentía del prelado y a la activa labor que desde Córdoba realiza la Fundación Bangassou, que envía anualmente varios camiones cargados de artículos y esperanza para algunos de los más desposeídos de la tierra.

Pero ese oasis de pequeño bienestar se ha visto roto violentamente hace unos días, al ser arrasada la ciudad por rebeldes yihadistas que están imponiendo el terror ante la población indefensa. Lo han hecho aprovechando una ausencia temporal del obispo Aguirre, al que el ataque ha sorprendido lejos de su gente, asistiendo a una reunión en Bangui, la capital del país. Y según los rumores que llegan, allí permanece, entre la angustia y la impotencia, pues los caminos de vuelta están tomados por la guerrilla y le desaconsejan intentar el regreso con los suyos. Mientras, los rebeldes musulmanes hacen estragos "dignos de unos locos sin cultura ni compasión", como afirma en una carta un testigo de la barrabasada, el sacerdote Gaetan Kabasha.

Y aunque por suerte hasta ahora no ha habido pérdidas humanas, o al menos no han trascendido, la Seleka, que es el grupo terrorista, ha saqueado la casa de las monjas franciscanas y la de los espiritanos, han destrozado la carpintería, quirófanos, la farmacia y el centro pediátrico, y apaleado al jefe del taller para robar cinco vehículos.

Nada de esto se está contando en los grandes medios de comunicación. Y Francia, que tan interesada se muestra por la situación de Mali, parecida a la de Bangassou, de momento prefiere mirar para otro lado y abandonar a su suerte a quienes en otro tiempo tan afines le fueron.

Por eso desde la Fundación se ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas encaminada a que el Gobierno español presione al galo y este haga todo lo posible por restablecer la paz. Aquí, en Córdoba, tan lejos de Africa, no deberíamos quedarnos tranquilos hasta verla recuperada. Mientras tanto, se puede contribuir con donativos en la cuenta (0075-3060-23-0602652779), abierta para reconstruir Bangassou cuando la pesadilla acabe. Ojalá sea pronto.