Salvo con las contadas excepciones de las iniciativas de aquellas industrias y explotaciones que habitual y tradicionalmente atienden a la exportación de sus propios productos agroalimentarios, actualmente, con las dificultades añadidas por la gravosa y cercenadora intermediación de la crisis económica, podría apuntarse que en general aquí se adolece del necesario vigor e inteligencia, tanto pública como privada, para tratar de consolidar conjuntamente, y sin dispersión de esfuerzos, la introducción en los mercados exteriores de los productos elaborados, derivados de nuestra agricultura y ganadería, potencialmente extraordinarios, como por ejemplo los del porcino ibérico, el aceite de oliva, y el conjunto de los hortofrutícolas, e incluso las carnes de ovino y vacuno ecológicamente obtenidas; si bien se haya conseguido, a costa de algunas loables acciones puntuales, extender su comercio más allá de nuestros límites nacionales, aunque en no pocos casos con marcas inidentificables, lo que proporciona cierta idea del deterioro de la propia España.

Es evidente la importancia del mercado interior para la subsistencia de ciertas instalaciones agroindustriales, como las que operan en las regiones periféricas, insistiendo en la mejora de la calidad de la producción, de la productividad y de la competitividad, máxime cuando se trata del comercio exterior, como --por ejemplo, con las interesantes posibilidades que se abren en el mercado chino--, no pocas veces entorpecido por algunas decisiones mal pergeñadas.

* Doctor ingeniero agrónomo