Desde los púlpitos de las verdades seguras se predica con insistencia que se están perdiendo los valores, que esta sociedad lo que pregona es el consumismo y que va por la cuesta abajo del desenfreno, que desemboca en la pérdida de las creencias de toda la vida. Pero a ras de tierra, desde el pensamiento que no comulga con dogmas ni acepta como inmutable lo que no se puede discutir, si uno se fija en el comportamiento de ciertos sectores de la sociedad ve cómo hay personas que sin revestirse con los ropajes de la verdad establecidad salen a la calle a defender a sus semejantes, a su prójimo, como Jesucristo dejó dicho. Me refiero a la plataforma Stop Desahucios, que sale a la calle a protestar contra los bancos que anteponen su cuenta de resultados al bienestar de su cliente aunque a éste no le quede más remedio que el vacío. Siento respeto y admiración por este grupo de ciudadanos que salen a la calle, expuestos a la mirada de todos y a la desaprobación de los que mueven los hilos, para evitar que las consecuencias de la crisis se ceben en los débiles. Quizá no sean creyentes de religión escrita alguna, pero lanzarse a la calle a defender a quienes les van a echar de su casa y manifestar su protesta ante las entidades bancarias --que juegan con dinero ajeno-- me recuerda aquel día en que Jesucristo se fue al templo de la religión establecida, cogió un látigo y empezó a expulsar a los mercaderes (ahora vendrán los hermeneutas con sus precisiones). Esta escena del Evangelio es --como dicen los jóvenes-- muy fuerte: Jesucristo se dejó llevar por el sentido común, que dicta que la religión, el dinero y los trapicheos del capitalismo insolidario --estrujar al prójimo-- no casan. Los portavoces de la creencia oficial a veces se pasan en el análisis del comportamiento y los valores de la sociedad, a la que tachan de infiel, desordenada, impía, promiscua, obscena y nada ejemplarizante. Allá ellos con sus juicios de condena para quienes difieren de su pensamiento. Pero si Jesucristo volviera ¿de parte de quién se pondría, de los dueños de los bancos que, después de misa, señalan al desahauciado o de los que van detrás de la pancarta de Stop Desahucios? Aquéllos te mandan a la crucifixión de la intemperie (aunque tengan dietas suficientes como para comprar bloques enteros), éstos te dan calor solidario porque su filosofía es "ninguna familia sin casa". ¿Quién dice que no hay valores en esta sociedad?