No solo es injusto, también es perjudicial para la economía y el medio ambiente. Un informe-denuncia de la oenegé Intermón Oxfam escandaliza más allá de la ética: los ingresos netos de las 100 personas más ricas del planeta bastarían para acabar cuatro veces con la pobreza extrema: empleando solo una cuarta parte de los 180.000 millones de euros que ingresaron en el 2012 se paliaría el hambre en el mundo. Bastaría destinar 45.000 millones de euros para lograr ese fin.