Le propongo al ministro Wert que cambie en todo nuestro ordenamiento jurídico las palabras "ciudadanos" o "pueblo" por "trabajadores". Puede que así nos adaptemos mejor al brillante futuro empresarial que nos espera, dados sus planes para reformar la educación.

En la nueva reforma educativa, aparte de otras medidas discutibles, se encuentra otra capitidisminución de las materias de la rama del bachillerato de Humanidades. El griego pasará a ser materia optativa y la Cultura Clásica desaparecerá en la ESO.

A fin de cuentas, no podíamos esperar otra cosa de un plan de estudios que empieza así: "La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía". Parece ser que los nuevos planes de estudio van enfocados a completar Bolonia: trabajadores para la empresa. Técnicos, preparados y dedicados en cuerpo y alma al brillante progreso que le espera al capitalismo español de la mano de la Troika y el Gobierno. El pensamiento, el estudio del pasado con vistas a mejorar el presente, el conocimiento de una cultura que tenía por objeto al ser humano no es en absoluto necesaria para la empresa, debe de opinar el señor Wert. El futuro debe de estar en manos de contables que sepan llevar las cuentas de la empresa, analistas financieros que calculen la rentabilidad de las inversiones en ladrillo y obreros bien entretenidos con fútbol.

En todos los momentos de incertidumbre, se ha vuelto al ideal clásico como hoja de ruta para mejorar la sociedad. Así lo hizo Justiniano, y así lo hicieron en el Renacimiento y el Neoclasicismo. En esos momentos se tomó al hombre como centro del mundo y se confió en que como ser cultivado podía transformar la realidad de su comunidad y llegar a su plenitud.

Pero Wert no quiere ciudadanos, quiere trabajadores, olvidándose de que quizás nuestra máxima aspiración en esta vida sea trabajar para una empresa, que quizás queramos seguir portando la cada vez más ajada bandera de la razón y la humanidad frente a la cultura de la producción desenfrenada y a la conversión del ciudadano en mero capital humano. Pero es lo que nos ha tocado vivir: sin más moral que la del dinero y la producción, seguiremos exhibiendo telebasura porque vende, fomentando el consumismo porque vende y ahora ya estudiando, solo, porque vende. ¡O tempora! ¡O mores!

* Estudiante universitario