Una orquesta es como un gran instrumento formado por personas que acuerdan unir las particularidades de sus instrumentos para sonar en algo superior. ¡Qué confusión si ojeamos la partitura! Y antes de empezar a tocar, ¡qué diferencia el desorden de sonidos para afinarse, en comparación con esa belleza que surge después!

¿Podríamos imaginarnos qué sería de una orquesta si algunos de sus miembros dijesen de pronto, tras tanto trabajo para conjuntarse, que quieren hacerse independientes? Ni la orquesta sonaría ni los que se van podrían ejecutar las obras de todos. Tendrían que empezar un largo camino, para al final acabar uniéndose a alguna orquesta. ¿Pero serían aceptados por esa orquesta ya formada, con sus directrices y sus músicos? ¿Probarían a ensayar su propio conjunto, pequeño, pacato, limitado? Lo más sublime del sonido de una orquesta está en que todos ceden en sus individualismos, admiten las normas y los acuerdos en aras de un bien superior. Y todos se benefician, porque el resultado es de todos. Por cierto, nuestra orquesta sinfónica suena cada vez mejor. Me quedé sorprendido en mi primera audición de este año, cuando estrenó El jardín de la vida , de Manuel Marvizón, para conmemorar el 25º aniversario de esta otra joya cultural que poseemos en Córdoba: nuestro Real Jardín Botánico. Disfrutemos del 20º aniversario de nuestra orquesta y el 25º de nuestro coro. Saludemos y felicitemos a sus músicos; démosles nuestra acogida. También a su nuevo director, Lorenzo Ramos.

* Escritor