España se acercó ayer peligrosamente al abismo al traspasar por primera vez la prima de riesgo los 500 puntos básicos y al dispararse el interés de los bonos españoles a 10 años por encima del 6,5%. Unos pésimos indicadores que en otras circunstancias supusieron el inicio de los mecanismos de rescate de Irlanda, Grecia y Portugal. Es imposible ocultar que esta situación es insostenible durante mucho más tiempo, como ha reconocido el propio ministro De Guindos. Desde el pasado mes de abril la presión de los mercados sobre nuestra economía es más acentuada y se ha ido recrudeciendo esta semana al registrarse cada día un nuevo récord en el aumento de la prima de riesgo y los intereses. España es en estos momentos un enfermo crónico al que el más leve de los catarros sitúa al borde de la muerte. Los inversores han respondido con incredulidad a cada plan de austeridad, reforma laboral o de la banca puestos en marcha por Zapatero o por Rajoy. Es obvio que no hemos acertado con la receta. La realidad de los resultados recomienda un cambio de estrategia; pero Alemania --la única economía que crece en la Eurozona-- es inamovible con respecto a su apuesta por las políticas de ajuste, el papel de secundario del BCE y el rechazo a los planes de impulso económico. El gran problema es que el Gobierno se está quedando sin margen de maniobra, de ahí que De Guindos lanzara este lunes un SOS a Bruselas. Ahora le toca mover ficha a Europa... porque todo hace indicar que a España se le está agotando el tiempo.