La Romería de Nuestra Señora de las Viñas retorna, un año más, a ocupar el lugar que se merece, como fiesta grande y popular, nacida del deseo de rendir culto a la Virgen de las Viñas y de congregar a los romeros montillanos en torno a nuestras tradiciones y hacerlo a la medida justa de nuestra identidad mejor. Por más que incomprensiblemente pudiera haber gente reacia a aceptar y apostar vivamente por este acontecimiento anual, la realidad es que cada vez es mayor el número de romeros, caballistas, fieles a estas devociones populares en las que están presentes la alegría, el buen humor, el encuentro mariano con el baile, el cante y la sana convivencia. El próximo 3 de junio, tal y como establecen los reglamentos de este joven colectivo, la Patrona del Gremio de la Vid y el Vino recorrerá los pagos montillanos y los caminos que abrazan a estas tierras donde el vino es el santo y seña de una cultura vieja, curtida en el desengaño de las ilusiones que fenecen cada año, pero que no consiguen desarbolar la fe y la ilusión por estos cultivos milenarios que son todavía el pan de muchas familias montillanas. Gentes que luchan sin cuartel por defender el viñedo que es, a la postre, la base sobre la que se sustenta el fértil andamiaje de un sector que no se entrega y que resiste a los cantos de sirena de otros cultivos más proclives a las ayudas de la administración comunitaria. La romería está abierta a todos los montillanos y visitantes de otras localidades. Ni se ponen puertas al campo, ni se limita la presencia a nadie que acuda a este lugar con el objetivo de pasar un buen rato, compartiendo una copa de vino. Desde su lugar preeminente, la Patrona del campo montillano asiste complacida. Rodeada por muchos niños y jóvenes ataviados con trajes típicos, que interpretan ante la Señora la magia de unas sevillanas o el zapateado alegre de una rumba gitana.

* Maestro