He leído una breve información que, de entrada, me ha sorprendido: en las personas de más de 100 años, el riesgo de padecer un cáncer es más pequeño que el que amenaza al resto de la población. Después he pensado que es lógico: un cáncer es el crecimiento tumoral de un tejido, y es natural que en una edad tan avanzada ya no haya crecimientos importantes, sino más bien disminuciones.

El cáncer es una expansión incorrecta de alguna parte del cuerpo, y esta expansión supone una señal de vitalidad. Una vitalidad descontrolada, y naturalmente peligrosa. Cuando se tienen 100 años, el empuje vital suele ser más reducido. Esta debilitación es perfectamente compatible, en algunos casos privilegiados, con una conservación de las facultades intelectuales.

Por otra parte, el vigor del organismo corporal disminuye y el proceso de la vejez se parece a aquellos trenes que van frenando cuando se acercan a la estación de llegada. Hay trenes que se averían a medio camino, sin posibilidad de una reparación que les permita continuar. Siempre me sorprende, y me duele, la muerte de alguien que no ha podido iniciar el trayecto de la vejez.

Yo he conocido dos personas que habían salvado la muralla de los 100 años. Y no estaban castigadas por el paso del tiempo mucho más que cuando tenían 80. Es consecuencia de la genética, se ha dicho. Es probable. Estos centenarios habían resistido pequeños y ocasionales percances físicos, y los habían superado. Los hay que pueden decir: "No he tenido ningún problema serio de salud. Antes cogía resfriados, pero ahora ni eso". Estos privilegiados podrían recordar la afirmación de Amiel: "Saber envejecer es la obra maestra de la sabiduría, y una de las partes más difíciles del gran arte de vivir".

Amiel tiene razón, pero siempre que las circunstancias vayan a favor. La voluntad puede topar con la fatalidad. Hay, es cierto, quien entra en una vejez positiva sin haber seguido consejos: fuma, come lo que quiere, es sedentario. Todo esto es un riesgo, y gente todavía relativamente joven ha sido víctima de ello.

Pero hay algunas personas inmunes a la norma. ¿La genética, según se dice? ¿Influye el psiquismo? La novela de Jonas Jonasson El abuelo de 100 años que se escapó por la ventana, y dejó la residencia y se vio envuelto en sorprendentes aventuras, presenta un divertido centenario que rompe todos los moldes. Es como una metáfora de que el espíritu vital no es exclusivo de ninguna edad.

*Periodista