La cumbre extraordinaria de la Unión Europea de ayer tuvo dos vertientes, la española y la global. Desde el punto de vista local, el Gobierno español no consiguió una ampliación de los plazos para reducir el déficit, una demanda no planteada explícitamente ayer en Bruselas por Mariano Rajoy, pero sí por varios de sus ministros. Bien es verdad que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, no lo descartó.

Los micrófonos le jugaron una mala pasada al presidente español cuando dedicaba los primeros minutos de su primera cumbre europea a quejarse ante sus colegas populares de Holanda y Finlandia del Gobierno socialista anterior y de los sindicatos del país, y a anunciarles la dureza de las próximas medidas que aprobará en breve.

El detalle era revelador del tono de la visita de Mariano Rajoy, su primera cumbre europea, a Bruselas. Su Gobierno es cumplidor, hace y hará los deberes, pero se ha encontrado con un país patas arriba después de gobernar los socialistas y con unos sindicatos que no colaboran, por lo que las instituciones europeas tienen que echarle una mano.

De momento, no ha sido así. En Bruselas sorprende bastante la falta de coincidencia absoluta en los discrusos de los distintos miembros del Gobierno.

Desde el punto de vista europeo, ayer se dio un pequeño paso adelante en el desarrollo del guión de la cumbre de diciembre pasado en lo que se refiere a las garantías para que el Banco Central Europeo mantenga su política de facilitar liquidez a los bancos.

La Unión Europea, sin embargo, no sabe cómo conseguir que ese dinero llegue a las empresas en forma de créditos, sobre todo a las pequeñas y medianas. Las nuevas exigencias de capital de la propia autoridad europea fuerza el drenaje de recursos en el sentido contrario de lo que sería conveniente para financiar la economía.

Otra decisión a subrayar, fruto de haber llegado a la conclusión de que la lucha contra la crisis no solo es recorte del gasto público, es el plan de apoyo al empleo juvenil. La Unión Europea destinará los recursos que no se han agostado, que es una cantidad importante, a mejorar la formación de los jóvenes y, sobre todo, su movilidad en el ámbito europeo.

España, junto a los países más castigados por esta plaga, deberá colaborar con Bruselas para diseñar el plan. Por lo pronto, el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso ha anunciado que escribirá a los jefes de Estado y de Gobierno de los ocho países con más paro juvenil, los que superan una tasa del 30 por ciento, para pedirles que pongan en marcha estos planes de acción. Además de España, se trata de Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, Eslovaquia, Letonia y Lituania.