Te fuiste una madrugada fría de enero, te quedaste dormido como escuchando una canción, y no te despediste de nosotros, yo creo que en el silencio susurraste un hasta luego y te acurrucaste como un niño en el regazo de su madre buscando el latir de su corazón.

Para todos los compañeros Cele, para mí eras mi tito Cele, te caracterizaba el semblante del apellido de los Romero pero destacabas entre los cuatro, siempre con tu sonrisa, tu forma de hablar tan tranquila, tu sencillez y porque cada vez que entrabas por esta puerta no te faltaba un segundo para preguntarme por el abuelo.

Lo siento, pero me hubiese gustado que esa noche nunca terminase, allí me di cuenta la gente que te quería, cómo te miraba la tita Paqui y madre, te las hubieses comido a besos.

Cuando te sientas solo, que no creo, mándanos un mensaje con el viento que todos los que te queremos dejaremos la ventana encajada por si acaso nos llega algún correo y quieres con nosotros hablar.

Viviste segundo a segundo y día a día. Formaste una familia, participaste en una gran empresa y luchaste por tu vida. Todo el mundo que te conoció te quiso como amigo. Qué corazón tan grande, Cele Romero. Tu familia y tus amigos nunca te olvidan.

Inma Carracedo Illescas

Córdoba