En febrero de 1917 estalló en Rusia una revolución cuya consecuencia inmediata fue la abdicación del zar Nicolás II. Luego, vendrían los gobiernos de Lvov y de Kerenski hasta que en octubre, tras la toma del palacio de Invierno en Petrogrado, tuvo lugar la primera revolución de inspiración comunista de la historia. Edward H. Carr escribió que dicha victoria, aunque se hizo bajo la consigna de "todo el poder para los soviets", no era solo de estos, "sino también de Lenin y de los bolcheviques. Lenin y el partido, el hombre y el instrumento, eran ahora de forma indisoluble una y la misma cosa". A la muerte de Lenin, en 1924, le sucederá en el poder Stalin, quien ejercerá un control absoluto en la nueva Rusia soviética, y como no podía ser menos en un sistema dictatorial, no solo lo ejecutó en el ámbito de la política, sino también en el mundo del arte, de la literatura, en definitiva, en el de cualquier forma de creación. Y así lo mantuvo siempre, porque, como escribió Emil Ludwig tras conocerlo en 1939, "cuando un revolucionario ha perseguido sin interrupción durante cuarenta años la misma meta, sólo cabe considerar posible un cambio en sus concepciones cuando éstas ponen en peligro su puesto. En realidad, Stalin, como todo dictador, sería hombre muerto si retrocediera".

Para todos los interesados en la participación de los creadores en la Revolución soviética y su relación con el poder político, resulta aconsejable la visita a la exposición que La Casa Encendida (Madrid) inauguró el pasado mes de octubre y que se mantendrá hasta enero del próximo año. Su título es: La Caballería Roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945 , y ha contado como comisaria con Rosa Ferré, de cuyo trabajo tuvimos conocimiento en Córdoba en la exposición sobre el constructivismo de Gustavs Klucis (2009). La Caballería Roja fue el título de una novela de Isaak Babel de 1926 (se puede ver el original de una edición de 1928), pero sobre todo lo es de un cuadro de Kazimir Malévich de 1930, que precisamente sirve de pórtico en la primera sala, una obra procedente del Museo estatal de san Petersburgo, en la cual contemplamos la marcha de la caballería en una línea horizontal: los jinetes cabalgan sobre varios estratos de diferente color, envueltos en una atmósfera blanca bajo un cielo azul. Según consta en el Catálogo , en el dorso del cuadro figura el siguiente texto: "La Caballería roja cabalga desde la capital de octubre para defender las fronteras soviéticas".

A lo largo de los cinco espacios que componen la muestra podremos contemplar cómo se desarrolló el mundo de la creación en los primeros momentos de la revolución, y su evolución en los años posteriores, no solo en el literario y el pictórico, sino también en el teatral, el cinematográfico, el musical, el escenográfico y el gráfico. Todo, todos y todas están representados en las 279 piezas que componen la Exposición, con originales procedentes de museos rusos, lo cual nos permite conocer de modo directo la explosión cultural que significó la revolución, la vanguardia desarrollada por el arte soviético en distintos campos, y cómo al final se impuso la dictadura estalinista, que representó la represión y la muerte para algunos de aquellos creadores, así como la imposición del realismo socialista, con una pintura que "debía mostrar el futuro hecho realidad, un futuro marcado por el socialismo", como se relata en una de las fichas didácticas que se facilitan al visitante. Si lo expuesto ya es interesante por sí mismo para cualquier interesado en la historia de la revolución soviética, la información es completa si nos hacemos con el Catálogo , donde varios autores, encabezados por la comisaria, analizan el marco histórico y político en el que se inserta lo mostrado.

*Catedrático de Historia