Cerca de cien manifestaciones --la más importante, la de Madrid-- tendrán lugar hoy en diversas ciudades españolas con motivo del "Día internacional de la vida". Cientos de miles de voces --de padres e hijos, de parejas de jubilados, de personas solas y de grupos de amigos, muchos de ellos jóvenes y adolescentes-- se unirán para gritar "Sí a la vida". Será un encuentro alegre, acorde con este mensaje. En un mundo en el que se marcan en el calendario laico el Día del Arbol, el Día del Trabajo, el Día de la Tierra, y no se sabe cuántos días más, resultaba paradójico que no se celebrara algo tan importante que nos une a todos por igual: el respeto a la vida, a toda la vida. La vida es más fuerte que la muerte y siempre hay una razón para vivir, dice el eslogan de los obispos españoles para la Campaña por la Vida 2011. A pesar de todo, una especie de tsunami letal arrasa y aniquila a miles y miles de vidas humanas, por las que, sorprendentemente, los políticamente correctos parecen preocuparse bastante menos que por el debate sobre la energía nuclear. Sin embargo, algunos indicadores siembran ya la esperanza para el futuro. Primero, la vida está siendo defendida por gente cada vez más joven. Las últimas manifestaciones en favor de la vida están mayoritariamente conformadas por jóvenes. Segundo indicador, la masiva adhesión de asociaciones de la sociedad civil a las iniciativas que se organizan en defensa de la vida. Y el tercer indicador tiene mucho que ver con los que se alinean en el lado de la "cultura de la muerte": se encuentran sin recursos intelectuales, pierden los debates, soslayan las discusiones y viven de eslóganes y frases hechas, sin ser capaces de hilvanar un discurso coherente que no les arroje a un callejón sin salida. En palabras de Tagore, la vida merece ser vivida con todo entusiasmo. Es el don más precioso que poseemos. Vale la pena.

* Periodista