El emperador japonés se dirige a sus súbditos para expresar su profunda preocupación. Es la segunda vez que Akihito se dirige al pueblo japonés en un momento de crisis. No es algo raro, aunque nuestro Rey se prodiga mucho más en estas labores de diálogo con sus conciudadanos. La Casa Imperial se reserva para las grandes catástrofes y cuando Japón se ha visto envuelto en una guerra, como fue el acto de rendición en la II Guerra Mundial, en el que intervino el emperador Hirohito, padre de Akihito.

Esta vez, el emperador de Japón, se ha dirigido a los japoneses ante la apocalíptica secuencia de calamidades que está padeciendo, con el el terremoto más grande de su historia, seguido de un devastador tsunami y la amenaza cada vez más seria de un desastre nuclear en la central de Fukushima. Akihito se ha declarado profundamente preocupado por los sucesos y el futuro imprevisible de la planta nuclear. En su sobrio y contenido mensaje televisado, también ha asegurado que reza por la seguridad del mayor número de personas. El emperador se ha manifestado emocionado por la calma y el orden que los ciudadanos japoneses han demostrado tras el terremoto, el tsunami y el accidente nuclear, algo por otra parte impensable en latitudes como la nuestra. En su alocución ha pedido al pueblo comprensión mutua y ayuda. Y también ha agradecido la ayuda de la comunidad internacional y los mensajes que la Casa Imperial ha recibido de todo el mundo. El hecho de que el emperador se haya dirigido al pueblo japonés en medio de esta crisis revela de la manera más elocuente la importancia y gravedad de la situación y la enorme preocupación que los dirigentes japoneses tienen por lo que pueda ocurrir en la central nuclear de Fukushima y sus consecuencias. Es extremadamente inusual que el emperador se dirija por televisión a sus súbditos. La última vez que el máximo representante de la dinastía japonesa tuvo un acercamiento así al pueblo fue tras el terremoto de 1995 en Kobe, cuando visitó junto a la emperatriz Michiko a los supervivientes de un seísmo en el que fallecieron 6.400 personas.

Aquí en España, al otro lado del mundo, quizás contagiados por el estoicismo y la inexpresividad de los japoneses, parece que no estamos respondiendo con la intensidad con la que solemos hacerlo. Da la impresión de que hemos admitido de buen grado la "consigna" de no entrar en caliente en el eterno debate sobre la energía nuclear. Sí es cierto que algunos, los religiosamente pronucleares, se apresuraron a minimizar las posibles consecuencias del "incidente", que ahora lleva trayectoria de catástrofe, y a recordar que vivimos en el riesgo, que vivir es arriesgado y que no hay nada, y por supuesto ninguna energía que no implique riesgo. Yo comparto esta última reflexión, pero con matices. Estoy de acuerdo con que no se puede imaginar una vida con riesgo cero. Pero también es cierto que hay muchos niveles de riesgo. Y más cierto aún que mientras hay actividades de riesgo con consecuencias reparables o limitadas, hay otras actividades de riesgo con consecuencias irreparables y de mayor alcance o incluso de alcance global. Son matices importantes en las consecuencias de las actividades de riesgo. La pregunta es: ¿tenemos que admitir una actividad de riesgo con consecuencias irreversibles y de alcance global? ¿Tenemos que admitirla si además hay otras que pueden sustituirla aunque sea a un coste algo o muy superior? ¿Es imprescindible la energía nuclear cuando hay energías alternativas? Los mercados parecen estar haciéndose esta pregunta ahora, en caliente, y ya están apuntando una respuesta.

*Profesor