Todos recordamos las hermosas páginas de El Principito , de Saint-Exupery, en las que nos brinda este consejo: "En tu tierra, dijo El Principito, los hombres cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín. Y no encuentran lo que buscan. Sin embargo, lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa. Pero los ojos están ciegos. Lo esencial es invisible a los ojos. No se ve bien si no se mira con el corazón". ¡Qué importante es saber mirar con el corazón, es decir, con las pupilas del alma! Mirar con el corazón es saber descubrir la dignidad del otro, situarle en su verdadero escenario, comprender su vida, escuchar sus razones. Mirar con el corazón es saber descubrir no tanto lo que tiene o posee sino lo que es. Valoramos muchas veces a la gente por sus posesiones materiales, por sus bienes, por sus influencias, por su puesto social o político, sin que nos quede un resquicio para descubrir sus verdaderos valores, más allá de "tener". Mirar con el corazón no consiste solamente en mirar en una dirección sino en abarcar todas las direcciones, adivinando caminos nuevos. Mirar con el corazón es colocar una sonrisa en nuestro semblante, antes que una palabra en nuestros labios. Mirar con el corazón es sentir la fraternidad interior antes que la cercanía exterior. Ahora que el tiempo se nos abre en abanico de descanso, quizás sería bueno abrir un hueco a estos pensamientos sencillos pero profundos que nos sitúan en una buena pista de salida para avanzar después en la carrera. Porque, lo que buscamos, se encuentra en una sola rosa.

* Periodista