Pero qué bueno soy. Qué monstruo. Qué clarividente. No me beso porque no me llego. Me explico: el 12 de mayo, ironizando sobre el mundillo de las profecías y sobre los que a costa de dioses del más allá viven como Dios en el más acá, escribí unas líneas a modo de Nostradamus. Ya saben: unas palabrejas inconexas como si hubieran sido mal traducidas del francés antiguo, que ya de por sí es difícil de entender para los propios franceses. El caso es que profeticé sobre Córdoba y el gobierno local de la ciudad diciendo que: "Dos hermanos pelearán pero se darán abrazos sin amor/El rey que quiere venir es llamado de lejos,/mientras un muro cae, un edil/con un solo brazo debe trabajar". Viendo las broncas que han tenido los tenientes de alcalde y cogobernantes Rafael Blanco y Francisco Tejada, hay que reconocer que lo de "dos hermanos pelearán" fue un acierto. Con el lío de si viene o no Moratinos como alcaldable del PSOE, la segunda frase también queda redonda. Eso sí, respecto a que "un muro cae", se me termina la ironía y el humor con el que quiero tratar este artículo. Pienso en la tragedia ocurrida recientemente con la tormenta que cayó en Bujalance y recuerdo lo cruel de muchos adivinos que no les importa sacar tajada de las tragedias humanas. En todo caso, para que la profecía que hice quede cerrada solo falta que un concejal tenga un leve esguince en la muñeca o algo parecido, lo cual, sabiendo que hay 24 ediles, por pura ley de probabilidad ocurrirá tarde o temprano.

Ya ven. Con las profecías pasa como con la política mal hecha: basta usar un lenguaje ambiguo, dejar correr el tiempo, interpretar las palabras como se quiere y no mencionar las frases que no conviene recordar para acertar de pleno. Y después, solo queda venderse como salvador.