En los próximos días se van a celebrar en nuestro país varias cumbres en el marco de la presidencia española de la UE. En concreto, las de la Unión Europea con México, posteriormente de la UE con América y Caribe, y un especial de Unión Europea-Centroamérica. Aún faltarán por celebrarse las cumbres con Estados Unidos, el próximo 24 de mayo, con Egipto el 6 de junio y la cumbre de la Unión por el Mediterráneo el 7 de junio. Con ello habrá finalizado el calendario de cumbres en el marco de la presidencia europea.

En los tres encuentros relacionados con América Latina habría que resaltar algunos elementos que ya han cobrado relevancia por sí mismos. En primer lugar, el protagonismo central del Presidente de Brasil, Lula da Silva, quien está imparable en su carrera hacia la Secretaría General de las Naciones Unidas, y que se presenta en la cumbre después de mediar en el conflicto del enriquecimiento de uranio por parte de Irán, colocando su liderazgo mundial en primer orden. En segundo lugar, la controversia marcada por los presidentes componentes de Unasur, que se negaron a participar si España invitaba a Porfirio Lobo, cuestionado presidente de Honduras, quien en un gesto inteligente ha preferido no asistir el 18 a la cumbre general y hacerlo en la parcial centroamericana del 19. Y, por último, la ausencia anunciada de Hugo Chávez, que sin duda ayudará a la distensión que ocasiona últimamente en todas las cumbres en las que participa.

Independientemente del resultado de renovación de los acuerdos de asociación con los países representados (en total se renovarán más de 45 acuerdos), así como los acuerdos regionales, sobre la mesa estarán dos temas prioritarios: primero, la revisión del posicionamiento de la Unión Europea hacia el régimen cubano, que todo apunta sufrirá una vuelta de tuerca en demanda de las libertades en la isla, el respeto a los derechos humanos y la petición expresa de reconducir su economía y las libertades democráticas. En segundo término, la Unión Europea va a intentar sumarse a la diplomacia de Estados Unidos de dar por terminado el conflicto de Honduras, suavizando la posición en contra de los países latinoamericanos, y proponiendo cortar por lo sano con una perpetuación del conflicto Zelaya que no ayuda para nada al país centroamericano.

En ambos temas, los países de América Latina tienen posicionamientos casi unitarios, con la excepción de Colombia y Perú (quizás Chile), de solicitar la repetición de las elecciones en Honduras garantizando las libertades y participación de todas las fuerzas políticas, incluyendo la opción de Zelaya, sin reconocer de momento la validez de la elección realizada. En cuanto a Cuba, el grupo de Unasur no va a permitir que la Unión Europea endurezca su posicionamiento, ni que se posicione junto a Estados Unidos en la presión final lanzada por la diplomacia norteamericana.

En cualquier caso, lo realmente llamativo de estas cumbres con América Latina será el bajo perfil que presentarán la mayoría de los países del área, ya que su celebración en España y bajo la presidencia española, lejos de significar un apoyo a las intenciones de renovación de los acuerdos, va a subrayar el desencuentro ganado a pulso por la gestión de nuestra política exterior y el aprovechamiento que Zapatero pretende hacer de la presencia de los representantes gubernamentales de América Latina para continuar con su falsa defensa de la región en el marco de la Unión Europea.

La reciente medida de reducción de 600 millones de euros del presupuesto dedicado a la cooperación al desarrollo, afectará a nuestra relación con América Latina y unido a ello la capacidad de inversiones y acuerdos comerciales que provocarán una reducción del crecimiento en los países menos avanzados. Sólo salvarán las distintas cumbres la presencia de las autoridades europeas ya que Zapatero intentará sacar provecho para neutralizar, al menos de momento, la tensión social que las medidas anunciadas el pasado miércoles y que no fueron aprobadas el viernes en Consejo de Ministros para no dar pie a que las cumbres con América Latina se vieran perturbadas por debate en la calle y posibles movilizaciones sindicales.

A mes y medio de la finalización de la presidencia española y sabiendo ya que Obama no asistirá a la cumbre con EEUU, ésta es la última oportunidad que España tiene de demostrar que su paso por la presidencia europea ha sido positiva y rentable para la Unión.

* Asesor Relaciones Internacionales